Viajes carinena zaragoza escapada

Publicado el 23 de agosto de 2018 | por David Gimenez

Escapada a Cariñena

La ciudad de Cariñena da nombre a la Denominación de Origen más antigua de Aragón y en sus inmediadiones se concentran las numerosas bodegas que darán lugar a los excelentes caldos que dan nombre a esta tierra.

El transcurso del tiempo se ha manifestado en monumentos como su iglesia parroquial, dedicada a Nuestra Señora de la Asunción, construida en 1694 y levantada sobre las ruinas de la antigua colegiata, que fue destruida en 1363 por las tropas castellanas.

Adosada a ella, está su torre-campanario, de estilo gótico levantino, de carácter militar. Su construcción data de 1375, cuando se restauraron las murallas de la ciudad, de las cuales sólo queda el Torreón de las Monjas.

También destaca el edificio del Ayuntamiento, de estilo renacentista, el cual preside la plaza principal junto con la Fuente de la Mora, de finales del siglo XIX.

Situada entre viñedos, se encuentra la ermita de la Virgen de Lagunas, de estilo barroco con elementos mudéjares. La primitiva ermita dataría del siglo XV.

Entre sus festejos más destacables se encuentra la Fiesta de la Vendimia, celebrada por primera vez en 1960 para rememorar la ancestral costumbre de recibir a los reyes de España con fuentes de vino. Entre los actos más característicos se encuentran actos tradicionales en torno a la Fuente de la Mora, de la que mana vino durante ese día.

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La etimología de Cariñena tiene su origen en la época romana: “Plinio, procurador de la Hispania Tarraconense, llamó Carae a este poblado romano y el sufijo Iniana, de la forma Cariniana, es el sufijo característico de muchas fincas rústicas romanas.

Hay un período desde el siglo V, cuando sucumbe el Imperio Romano, hasta la llegada de los musulmanes al valle del Ebro, en 714, que no se tienen noticias sobre la zona. Esta situación es genérica para todo Aragón, apenas han quedado restos de la época visigoda.

Cariñena estuvo bajo el dominio musulmán desde el 714 hasta 1119, que es conquistada por Alfonso I El Batallador.

Estas tierras son de frontera y de mestizaje. Por estos motivos, había que repoblar estos lugares después de la conquista; el rey Alfonso concede una carta-puebla a un supuesto noble (Pedro Ramón) para ejercer esta potestad en Cariñena en 1124. Más tarde, continuará esta labor Ramón Berenguer IV, gobernador de Aragón y conde de Barcelona, que concede el Fuero de Daroca en 1142.

En cuanto al mestizaje es indudable que en este territorio convivieron cristianos, judíos y musulmanes. El plano de Cariñena, pone de manifiesto esta estancia. En Cariñena, la morería se situaba en la calle del Olivo, pero también en la calle de la Mata, Ginesta, Granero, Marín y en los callejones de Chamorro y San Bernardo.

Los judíos dejaron recuerdo de su paso por Cariñena, en el siglo XIII construyen una sinagoga para la colonia judía que vivía en Cariñena, la calle donde se ubica se llamaba la Sinagoga (calle Ribo Izquierdo). En el siglo XIV, los judíos se trasladaron a Aguarón, en virtud de una ley que les prohibía vivir en plazas fuertes, allí fundaron una nueva sinagoga en la calle que todavía mantiene su nombre.

A pesar de la conquista, esta convivencia perduró hasta 1492 con los judíos, ya que se produce la expulsión de éstos por los Reyes Católicos. Un poco más larga fue con los moriscos, hasta 1610; esta expulsión provocó una pérdida enorme de población en Cariñena.

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Los reyes de la Casa de Austria tuvieron gran relación con Cariñena, posiblemente inducida por la relación con un cariñenense, Juan Bernal, que fue el confesor de Felipe II y Felipe III.
Son destacables las visitas de estos reyes a Cariñena.

La de Felipe II, en 1585, se enlaza con la tradición del llenado de la Fuente de la Mora en la Fiesta de la Vendimia, porque agasajaron al rey con “dos fuentes de vino, rica de pan, abundante de fruta y olivares”. Felipe III, también visita Cariñena en 1599, dándole prerrogativas judiciales a Cariñena al margen de Daroca, pero lo más destacable, por su repercusión económica en la zona, fue la expulsión, por este rey, de los moriscos en 1610; el campo se quedó desprovisto de mano de obra que tardaría muchos años en sustituirse. Carlos II también visitó Cariñena en 1677, donde disfrutó del toro de ronda.

En 1701, dentro de la Guerra de Sucesión, Cariñena fue partidaria del archiduque Carlos de Austria. Felipe V fue proclamado rey y juró los fueros en La Seo de Zaragoza, realizando ese mismo año una parada en Cariñena, cuando se dirigía a Zaragoza.

La dinastía borbónica siguió con la costumbre de visitar Cariñena, seguramente porque era un cruce de caminos entre Madrid, Barcelona y Valencia, y así lo hicieron Carlos III, en 1759, Carlos IV, en 1802, y Fernando VII, cuando volvía de Bayona, finalizada la guerra de la Independencia, en 1814.

El resurgir y declinar demográfico y económico de Cariñena, desde el último tercio del siglo XIX, cuando se consagra el monocultivo vitícola, ha ido asociado a la coyuntura del sector. Estas tierras perdieron población por la emigración en la década de los veinte y de los sesenta.

Este proceso envejeció la población, pero los cambios económicos a partir de los años 80, apostando por vinos de calidad y una mecanización integral, buscando un mercado cada vez más extenso, han permitido que parte de la población se fije.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de Zaragoza. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir gente, eventos y establecimientos únicos y creativos.



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