Monumento a Mariano de Cavia

Monumento dedicado a Mariano de Cavia en la plaza Aragón de Zaragoza

Monumento dedicado a Mariano de Cavia en la Plaza Aragón de Zaragoza

Mariano de Cavia y Lac (1865-1920) fue uno de los más notables periodistas españoles de su época.

Nació el 25 de septiembre de 1855 en Zaragoza, ciudad a la que siempre alabó. Fue hijo del notario Francisco Cavia y de María Anselma Lac. Estudió humanidades en el colegio de los jesuitas de Carrión de los Condes (Palencia), pero volvió a Zaragoza a los quince años para más tarde cursar la carrera de Derecho, que no terminó. Durante esa época colaboró con la Revista de Aragón, Diario de Avisos de Zaragoza, Diario de Zaragoza y El Cocinero, y en 1881 fundó El Chin-Chin, un semanario satírico que sólo duró seis semanas. Además tuvo un noviazgo con Pilar Alvira, pero la oposición de las familias hizo que la relación se rompiera.

Ya en 1881 decidió ir a Madrid e ingresó ese mismo año en El Liberal, donde trabajó durante cinco años, excepto un periodo de cinco meses durante los cuales fue director del Diario Democrático de Tarragona. En 1895 ingresó en el Heraldo de Madrid, donde estuvo un muy breve periodo tras el cual se pasó a El Imparcial, donde publicó su primer artículo, «La misa del ateo», y estuvo trabajando hasta 1917.

Tuvo una permanente defensa y elogio de las grandes figuras aragonesas de la Historia y de su época.

Vivía en un hotel. Era individualista, no le gustaba la popularidad y tenía un piso sólo para conservar su biblioteca.​

“Lo más interesante de mi vida es que no fui nada, que no soy nadie, ni tengo nada, ni lo tendré, ni lo quiero. Yo jamás he recibido ninguna adehala, sueldo o gratificación del Estado. Me atengo a lo pagado por lo servido: artículo que escribo, artículo que cobro, y entrada por salida.”

Fue un comentarista independiente de la actualidad política. Fue liberal, pero no militó en ningún partido político. Estuvo siempre apartado de la política; pero era un liberal tolerante con todos, con las ideas y con las personas.

“Por el trabajo se puede lograr la libertad, y con la libertad, se puede conseguir aquella sonriente visión de las cosas, necesaria de toda necesidad para que no se le enfríe a uno el espíritu con las humedades de este valle de lágrimas.”

El 24 de enero de 1916 el rey Alfonso XIII le concedió la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso XII en «atención a los relevantes servicios prestados a la cultura nacional» y poco después el Ayuntamiento de Zaragoza lo nombró hijo meritísimo de la ciudad.

El 24 de febrero de 1916 la Real Academia Española le otorgó por unanimidad el sillón de la letra A, pero no llegó a ingresar debido a su estado de salud.

En 1917 pasó a formar parte de la redacción de El Sol donde permaneció hasta su muerte, ocurrida en Madrid el 14 de julio de 1920 cuando contaba 65 años.

El presidente del gobierno, Eduardo Dato, presidió el traslado de su cadáver a Zaragoza debido al deseo del Ayuntamiento de la ciudad de que fuese enterrado en el cementerio de Torrero de la capital aragonesa.

Fue conocido por sus crónicas publicadas en los diarios madrileños de la época (El Liberal, El Imparcial, El Sol), algunas de las cuales fueron recogidas en libros.

Especialmente sonado fue su artículo ficticio sobre un incendio en el Museo del Prado, publicado en la portada de El Liberal en 1891. Cavia lo pensó como aldabonazo o denuncia de las pésimas condiciones de seguridad del museo. Muchos lectores de Madrid no llegaron a leer la noticia completa, y dándola por buena, corrieron al paseo del Prado a comprobar el desastre. Tras describir un pavoroso fuego y la destrucción de la pinacoteca completa, sólo al final del artículo Cavia aclaraba que toda la crónica era ficticia… si bien podía convertirse en realidad cualquier día. La controversia causada por la noticia empujó a las autoridades a adoptar algunas medidas en el museo.

Al poco tiempo de morir Cavia -hecho que ocurrió el 14 de julio de 1920- el diario Heraldo de Aragón, tomó la iniciativa de promover la realización de un monumento en su ciudad, como homenaje al ilustre periodista. Con ese fin el periódico encargó al escultor José Bueno, también autor del monumento a Alfonso I El Batallador en el Parque Grande, la ejecución de un proyecto, que estuvo concluido en diciembre de 1920. En los meses siguiente fue pasado a bronce en los talleres R. Staccioli de Barcelona, a finales de junio la obra esta concluida.

La Diputación Provincial de Zaragoza sufragó los gastos del bronce, mientras que Heraldo de Aragón pagó los gastos de la fundición que “ascendieron a unos cientos de pesetas”. El escultor debió de cobrar alguna cantidad simbólica, pues la prensa habla de un ofrecimiento del artista.

El pleno municipal celebrado el día 11 de mayo de 1921 aprobó la ubicación del monumento en la Plaza de Aragón. El domingo 3 de julio de 1921, sólo unos días antes del primer aniversario de la muerte del periodista, el monumento fue inaugurado, con la presencia del escritor Vicente Blasco Ibáñez, quién pronunció un improvisado discurso que entusiasmó al público asistente.

Fue éste el primer monumento de la tipología busto sobre pedestal que se ubicó en la Plaza de Aragón. Luego le siguieron otros tres. En septiembre de 2007 este busto de Cavia fue derribado de su pedestal por un ataque vandálico, tras lo cual hubo de ser restaurado.

Dirección: Plaza Aragón, Zaragoza

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de Zaragoza. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir gente, eventos y establecimientos únicos y creativos.



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