Este establecimiento ha cerrado.

Si estabas buscando bares tradicionales, te recomendamos que eches un vistazo a nuestra selección de bares tradicionales de Zaragoza y en concreto a Bodegas Almau, Casa Lac y Doña Casta.

 

Hay locales que otorgan carácter a la ciudad y el Bar Texas es uno de ellos.

Como un coágulo de autenticidad resistiéndose a ser disuelto por el turbulento corriente sanguíneo del Tubo, el Bar Texas engulle al recién llegado sin preliminares y lo incrusta repentinamente en una gruta tabernera atemporal donde la dimensión espacio-tiempo discurre en otra frecuencia de onda desde hace ya muchos años.

Este pequeño espacio es un potente concentrado de todos los ingredientes que todavía hacen del Tubo más abisal un enclave singular en la geografía oculta de Zaragoza.

Juan, el propietario del bar, exultante detrás de la barra, vigila la clientela con unos ojos aún más pequeños, que conocen la fugacidad de la alegría.

Patatas bravas en el Bar Texas, para Carlos Herrera "las mejores, del mundo"

Patatas bravas en el Bar Texas, para Carlos Herrera “las mejores del mundo”

Vista del Bar Texas desde la Calle 4 de Agosto

Vista del Bar Texas desde la Calle 4 de Agosto

Pizarras colgadas en el exterior del Bar Texas

Pizarras colgadas en el exterior del Bar Texas

Todo el mundo es bienvenido a este recuadro imposible hecho de baldosa antigua y madera prehistórica, y rebozado con matrículas de coches americanos y fotografías antiguas de la ciudad. Completan la pintura una recua de neveras de bodega pre-Transición.

Entre mesas de mármol y patas de hierro, cada día aquí se almuerzan especialidades de esas que hacen que te crezca pelo en el pecho: lechillas de ternasco, morro de cerdo, garbanzos estofados, torreznos, boquerones albardados y patatas bravas son algunas opciones.

Hace aproximadamente dos décadas, el escritor y periodista Carlos Herrera inmortalizó así en un artículo del XL Semanal el Bar Texas:

“Es, casi, revivir una ceremonia iniciática entrar por la calle Mártires a ese Tubo que siempre se me antoja un paisaje dejà vu, un derribo permanentemente anunciado, un lento goteo de desaparición, una película melancólica filmada en aquellos años en los que mi tío Rafael, el Herrera que designamos embajador de la familia en Zaragoza, nos llevaba de la mano a una selva decadente en la que florecían las tascas de vino tinto y patatas bravas”.

“Uno no sabe si son eso, simples derribos, o si se trata de rehabilitaciones inevitables, pero una evidencia se nos echa a la cara: la fotografía de un barrio de cuatro calles –y millones de almas en maceración– evoluciona peligrosamente hacia la nueva asepsia arquitectónica tan común en todas las ciudades de España. No es más que desconsuelo de alguien que no vive allí y que no puede pretender, evidentemente, que le tengan el barrio a punto para cuando uno se digne a visitarlo como si fuese un parque temático, pero entrar como un ariete carnal en la masa de las callejuelas y no encontrar Casa Lac, no dar con El Olimpo o buscar infructuosamente aquel Bar Miramar que se anunciaba como ‘El Rey de las Bravas’ produce, inevitablemente, decepción”.

“A Galdós le pasaría igual si no diese con el bar en el que escribió su Episodio Nacional dedicado a Zaragoza, hoy ciudad en expansión que merece que le echemos más vistazos de los que le echamos. Galdós, en cualquier caso, cría malvas, y los vivos que fuimos deslumbrados por una nación pequeña de calles angostas aún nos resistimos al paso del tiempo”.

“Resiste el Bar Texas, que sigue como lo dejé la última vez y que te hace respirar, aliviado, cuando llegas a su esquina y puedes entrar a una memoria que no se desvanece entre bares de cubatas en serie. Los azulejos de refranero popular siguen colgando en las viejas paredes del bar, mientras que, a la par, las lechillas de ternasco, las mejores bravas del mundo –las mejores, ojo— y los boquerones primorosamente albardados te hacen saber que hay barreras de resistencia al avance implacable de hamburguesas dudosas, mexicanadas desnaturalizadas y bocaterías sin alma”. 

 

 

Las auténticas crónicas de Zaragoza se escuchan en criptas interdimensionales como el Bar Texas: uníos al culto.

Dirección: Confluencia de las calles Libertad y Cuatro de Agosto, Zaragoza