Este establecimiento ha cerrado.

Si estabas buscando lugares donde disfrutar de un buen café, te recomendamos que eches un vistazo a nuestro artículo templos del café en Zaragoza y en concreto a Justicia Specialty Coffee, Elio & Coco Speciality Coffee y Dídola.

 

Su fachada, sus artesonados o su recargada decoración, hacen pensar que este elegante establecimiento situado en el número 25 de la Calle de Alfonso I haya estado allí durante siglos.

De hecho, durante más de 100 años fue uno de los comercios de más solera de Zaragoza, la Joyería Aladrén.

Esta joyería servía al papa Juan Pablo II, a la reina Fabiola de Bélgica y en su taller se fabricó el óculo de la columna del Pilar que tantos aragoneses hemos besado.

Hasta 1997, cuando se retiró José Ignacio Lacruz, el último platero del tesoro del Pilar.

En poco más de un año, el local fue cuidadosamente restaurado y convertido en un café. Afortunadamente, cuando se produjo la reforma, sus propietarios mantuvieron la estructura del viejo negocio, conservando elementos como su preciosa fachada, su elegante marquesina metálica o su decoración interior en madera.

El Gran Café Zaragoza estuvo en activo hasta poco antes de la pandemia de COVID-19.

 

Un poco de historia

El proyecto de la antigua Joyería Aladrén fue realizado en 1883 por el arquitecto Luis Aladrén y presentado por su hermano Alberto al propietario del inmueble, Mariano Baselga, quien quiso inaugurar aquí un comercio de lujo acorde con la nueva burguesía instalada en la zona.

Presenta una gran fachada en chaflán con cuatro expositores acristalados, enmarcados por plafones rectangulares decorados con paneles de plata repujada y sobredorada con motivos vegetales. La puerta también es acristalada y se encuentra rematada por un entablamento y un pequeño frontón curvo.

Toda la fachada está protegida por una gran marquesina metálica compuesta por piezas de fundición y cristales, que sostiene un reloj.

Al interior, el local presenta planta rectangular y está estructurado en tres salas, actualmente adecuadas a su nuevo uso como cafetería. Antiguamente una era la tienda propiamente dicha, la más amplia y cubierta por una techumbre acasetonada sujeta por columnas de hierro, otra era el despacho del dueño y otra era la trastienda o Salita de Luis XVI, llamada así por su recargada decoración.

El espacio combina en general elementos del renacimiento alemán con otros estilos dentro de los presupuestos historicistas y eclécticos que tuvieron cabida dentro de las corrientes arquitectónicas del siglo XIX.

Dirección: Calle Alfonso I, 25