Los niveles de contaminación en nuestra ciudad se miden desde siete estaciones distribuidas por la capital aragonesa y pueden ser consultados en tiempo real en un panel informativo de la Plaza de Aragón. De hecho, la capital aragonesa fue la primera ciudad de España en poner a disposición de los ciudadanos un panel informativo con la calidad del aire, en el año 1993.

En los próximos meses la calidad del aire de Zaragoza se medirá también con un método mucho más creativo y ecológico. Mil macetas de fresas ejercerán como auténticos termómetros de la polución, vigilando el aire que respiramos desde las ventanas y terrazas de vecinos voluntarios.

Son los «Vigilantes del Cierzo» -un viento seco y con temperatura baja que sopla en el valle del Ebro-, protagonistas de un experimento de ciencia ciudadana organizado por Zaragoza Activa y la Fundación Ibercivis, con la colaboración de la red de huertos urbanos Hortals, la Fundación Parque Científico Tecnológico Aula Dei, el programa Ciencia Viva y el Instituto de Biocomputación y Física de Sistemas Complejos de la Universidad de Zaragoza.

El proyecto «Vigilantes del Cierzo» repartió el 20 de diciembre 1.000 plantas de fresas por toda la ciudad. En primavera y verano de 2017 se recogerán muestras y serán llevadas al laboratorio para identificar qué compuestos están en las hojas y, por tanto, en el aire de Zaragoza.

Las plantas de fresa son una especie de fácil cuidado y resistente a las inclemencias meteorológicas, y en sus hojas pilosas (recubiertas de pelusilla) se adhieren perfectamente todas aquellas partículas magnetizables liberadas por la quema de combustibles fósiles, así como del desgaste en raíles de trenes y tranvías, discos de freno, y otros elementos relacionados con el transporte.

El proyecto #VigilantesdelCierzo ha repartido 1.000 plantas de fresas por toda Zaragoza para medir la calidad de su aire

Aplicando técnicas biomagnéticas se pueden identificar fácilmente qué compuestos hay en las hojas. Y haciendo un estudio agregado analizar la concentración de contaminantes en el aire de Zaragoza. Gracias a los datos que se obtengan se elaborarán mapas con los niveles de contaminación del tráfico en las distintas calles y barrios de Zaragoza. Todos los participantes serán notificados de los resultados de sus muestras y los resultados científicos se compartirán abiertamente.

Este original y sencillo proyecto para medir la contaminación de las ciudades es una extensión del estudio AirBezen, que el profesor Roeland Samson y el doctorando Jelle Hofman de la Universidad de Amberes realizaron en esa ciudad en el año 2014.

Fruto de la colaboración y del apoyo del profesor Roeland Samson, Zaragoza Activa y la Fundación Ibercivis han repetido, escalado y adaptado el proyecto a nuestra ciudad, bajo el marco del proyecto europeo COST (Citizen Science to promote creativity, scientific literacy, and innovation throughout Europe) y de la European Citizen Science Association.

Charlamos con Fermín Serrano sobre ‘Vigilantes del Cierzo’, un proyecto que mide la calidad del aire usando 1.000 macetas con fresas

Háblanos del proyecto ‘Vigilantes del Cierzo’

‘Vigilantes del Cierzo’ es un proyecto de ciencia ciudadana que tiene como objetivo controlar la calidad del aire en Zaragoza utilizando plantas de fresa. Estos proyectos se suelen hacer a nivel mundial a través de aplicaciones móviles, pero nosotros queríamos que todo el mundo pudiera participar, aunque no tuvieran un smartphone o acceso a internet, de ahí dar una maceta.
Todo el mundo puede cuidarla, no necesitas un móvil, no necesitas acceder a una aplicación… con la planta de fresa eliminamos la brecha social y digital.

La idea comenzó en la Univesidad de Amberes en Bélgica en 2014. El impulsor del proyecto, el profesor Roeland Samson me habló de el y desde el primer momento pensé en traerlo a Zaragoza.
La oportunidad se presentó cuando Raúl Olivan de Zaragoza Activa me preguntó si teníamos alguna idea de participación ciudadana. Había llegado el momento de llevarla a cabo en nuestra ciudad.

¿Por qué fresas?

Las plantas de esta fruta fueron las que escogió el profesor Roeland Samson en el proyecto que coordinó en Amberes. Quisimos replicar gran parte del procedimiento para que los resultados fueran lo mas parecidos posibles.

Las plantas de fresa son una especie de fácil cuidado y resistente a las inclemencias meteorológicas, y en sus hojas pilosas (recubiertas de pelusilla) se adhieren perfectamente todas aquellas partículas magnetizables liberadas por la quema de combustibles fósiles, así como del desgaste en raíles de trenes y tranvías, discos de freno, y otros elementos relacionados con el transporte.

¿Qué es la ciencia ciudadana?

Es una forma de hacer investigación con la contribución de la gente corriente, que está en sus casas. Muchas veces somos los investigadores los que necesitamos la ayuda ciudadana, pero otras veces son los propios ciudadanos los que toman la iniciativa.

La ciencia ciudadana más habitual es la monitorización ambiental y control de la biodiversidad. Desde hace siglos son voluntarios los que van al campo, y a través de cuadernos y fotografías recogen los datos que se usan en las publicaciones científicas. Gracias a lo digital, cualquiera puede hacerlo ahora con un móvil.
Hay muchas plataformas online en las que se pide a la gente que haga pequeñas tareas del proceso investigador, que a los científicos les costaría mucho hacer por su cuenta.

¿Que tenías en mente con «Vigilantes del Cierzo»?

Llegar a rincones no habituales, a gente que no suele ocuparse de temas como la ciencia ciudadana. Todo el mundo que quiso participar en el proyecto pudo recoger su planta de fresa en el acto de lanzamiento de Zaragoza Activa.

Además, a través del programa Ciencia Viva del Gobierno de Aragón buscamos un centro escolar por código postal y repartimos cientos de macetas entre los alumnos. También hemos colaborado con la Fundación Federico Ozanam para llegar a barrios como la Magdalena y el Gancho.

Este proyecto ha sido una semillita, para que estas personas sientan la investigación como algo propio

¿Cuanto durará el experimento y cuando podremos saber los resultados?

La fase de participación pública durará hasta mediados de marzo. En ese momento los voluntarios enviarán en un sobre que les dimos varias hojitas de su planta y un formulario.

Ahí empieza nuestra tarea de laboratorio. Aplicando técnicas biomagnéticas podemos identificar fácilmente qué compuestos hay en las hojas. Y haciendo un estudio agregado analizar la concentración de contaminantes en el aire de Zaragoza. Gracias a los datos que obtengamos elaboraremos mapas con los niveles de contaminación del tráfico en las distintas calles y barrios de Zaragoza.

Pasaremos meses analizando las muestras y relacionando los datos, y en los próximos 2 años iremos publicando las diferentes conclusiones que vayamos obteniendo.

Todos los participantes serán notificados de los resultados de sus muestras y las conclusiones científicas se compartirán abiertamente.

Puedes seguir la actividad de los «Vigilantes del Cierzo» a través de su página web o redes sociales como Facebook y Twitter.