En el naufragio foodie que es la Calle Unceta, hay una isla que merece la pena. Pero esa isla, como en todos los restaurantes chinos (ya sean esos a los que acude la comunidad china o aquellos del rollito grasiento y el cartón piedra), también esconde un laberinto. Es fácil perderse en una carta que incluye decenas y decenas de platos.

Lo más demandado son los Tie ban de cerdo, Ancas de rana o Arroz frito con pollo. Es un local grande con dos pisos donde los fin de semana se llena de familias. Teniendo en cuenta las generosas porciones de los platos, los precios son casi simbólicos.

Dirección: Calle Unceta 12-14