Los Sibaritas, situado en la calle María Moliner, 4, es el proyecto personal de Miguel Bailo y María Gascón, que por fin han convertido su idea en una realidad gastronómica tras una profunda reforma del local. En apenas tres meses desde su apertura, el restaurante ha logrado dar vida al entorno del Paseo de Sagasta, junto al parque Pignatelli.

El local apuesta por una estética minimalista y funcional, con predominio de mesas altas y un pequeño espacio reservado para reuniones más privadas. La intención del proyecto es clara: eliminar distracciones y centrar toda la atención en la experiencia culinaria.Aun así, el ambiente cuenta con detalles con personalidad, como las obras de la artista Elena Guallar, donde destacan ilustraciones de unos perros “sibaritas” que dan identidad al espacio.

Detrás de la propuesta gastronómica está Miguel Bailo, que tras formarse durante seis años en el hotel Arts de Barcelona y pasar por el reciente proyecto de Hábitat Sella, ha decidido volcar todo su aprendizaje en esta nueva etapa. Su cocina se basa en el producto de proximidad y en una visión moderna de la gastronomía de mercado.
La carta está pensada para compartir y disfrutar sin prisas, con platos que combinan técnica y sabor. Entre las propuestas más llamativas destaca el jarrete de ternera cocinado a baja temperatura, presentado de forma tradicional, o el sashimi de salmón flambeado con salsa de sésamo y perlas de alga roja.

La oferta incluye una interesante variedad de mariscos frescos, como almejas, navajas, gamba roja o zamburiñas, además de opciones más informales para el picoteo como el changurro con boquerón o las croquetas de jamón ibérico y queso brie con trufa.
En los principales, la carta se amplía con platos como el arroz meloso de pulpo y chipirones, el steak tartar o el entrecot, además de propuestas vegetales como la berenjena asada con frutos secos, ricotta y reducción de vermú.

La filosofía del restaurante se basa en un concepto de cocina moderna, compartida y cercana, donde también tienen cabida elaboraciones tradicionales como los callos caseros, uno de los platos más demandados desde la apertura.

Para Miguel y María, la clave está en crear un ambiente donde el cliente se sienta cómodo y quiera volver. Su objetivo es claro: una cocina honesta, reconocible y con carácter propio.
Dirección: Calle María Moliner 4

