Al lado de la cascada del Parque Grande, en la zona conocida como Bosque de la Amistad, se erige el monumento dedicado a Simón Bolívar, el Héroe Libertador, tal y como es conocido en toda América Latina.

Este busto de Bolívar, copia en bronce de un busto de mármol de 1836 obra del escultor italiano Pietro Tenerani que se encuentra hoy en el Ministerio de Relaciones Exteriores, en Caracas (Venezuela), fue inaugurado en Zaragoza en 1970.  La obra fue donada a la ciudad por el Gobierno de Venezuela.

Para muchos, Simón Bolívar tal vez no sea mucho más que el mito revolucionario que Nicolás Maduro esgrime como referencia de su liderazgo político en Venezuela (como antes que él hizo Hugo Chávez).

Para otros, quizá sea un nombre recurrente en muchas plazas y calles de ciudades españolas y latinoamericanas. Por si eso fuera poco, Bolívar ha dado nombre a un país (Bolivia) y a una moneda (el Bolívar).

Fue un personaje clave para la historia de un puñado de países, pero también de España: concretamente, fue el responsable de que esta perdiera la mayor parte de sus colonias en el hemisferio sur de América Latina.

Simón Bolívar nació en 1773 en una familia criolla aristocrática y rica de la Venezuela colonial. Su clase social era la de los mantuanos, los criollos ricos pero excluidos de la administración de la colonia, y de ella recibió una visión muy crítica del Imperio.

El padre de Simón ya sintió ciertas inclinaciones antiespañolas e independentistas a finales del siglo XVIII, cuando desde Madrid se intentó exprimir un poco más a las colonias para impedir que siguieran el ejemplo de Estados Unidos y se independizaran.

En las colonias las regulaciones económicas y raciales eran tantas y tan ineficientes que la economía rendía muy por debajo de sus posibilidades, condenando a los ricos a no ganar tanto como creían merecer y a los excluidos a poco menos que la esclavitud. Y la Corona parecía incapaz no ya de establecer unas reglas justas, sino siquiera eficientes.

Simón se quedó huérfano pronto. Su educación recayó entonces en tutores y parientes que, siguiendo las costumbre de su clase, a los 14 años le enviaron a Madrid a estudiar. Allí, gracias a la protección de un noble español, rodeado por los libros del marqués en su biblioteca magníficamente dotada, Simón leyó con avidez y aplicó sus considerables energías a dominar los clásicos, así como las obras del pensamiento europeo contemporáneo. Pese a lo culto y académico de su programa de instrucción, no dejaba de lado el aspecto físico: se entrenó en esgrima, y rápido de piernas, desarrolló una gran aptitud con la espada. También estudió danza, se relacionó con la corte y conoció al futuro rey –esta experiencia le haría desarrollar una profunda aversión por la política cortesana de Madrid– y se enamoró.

Fuera de Madrid, pero aún en Europa, experimentó una de las mayores decepciones de su vida: admirador desde siempre de la Revolución Francesa y de Napoleón, estuvo en París el día de su coronación como emperador. “Se hizo emperador a sí mismo y desde ese día lo vi como un tirano hipócrita, un insulto a la libertad y un obstáculo para el progreso de la civilización”, escribió.

Tras la revolución de 1810 en su país natal, será nombrado representante venezolano ante el gobierno británico, lo que hace que se dirija a Londres.

Cuando el joven Bolívar regresó a América, su visión crítica del Imperio Español se había convertido ya en un odio obsesivo. Francia había ocupado la Península y la oportunidad era perfecta.

En 1811 reunirá el Congreso que declarará la Independencia el 5 de julio de ese año. Pronto iniciará su acción militar vinculada a la emancipación americana, siendo sus puntos culminantes la liberación de la Nueva Granada tras la victoria en Boyacá (1819), y la liberación definitiva de Venezuela alcanzada tras la victoria en Carabobo (1821).

El Libertador en traje de campaña (1895) Arturo Michelena

El Libertador en traje de campaña, pintura de Arturo Michelena (1895)

Será responsable de las independencias de las actuales Perú y Bolivia, destacando en ese proceso los triunfos de Junín y Ayacucho, ambos en 1824.

Bolívar falleció en 1830 pobre y solo. Se había desprendido de todas sus riquezas en beneficio de su revolución y sólo había podido recaudar unos pocos dólares por las joyas que guardaba en su casa.

Dirección: Parque Grande José Antonio Labordeta, la zona es conocida como Bosque de la Amistad y está situada al lado del Paseo Mariano Renovales