El ridículo duelo fallido con el falso labrador Tosilos (en realidad un lacayo del Duque) a causa de la honra mancillada de la hija de una dama de honor de la Duquesa, la pretenciosa y boba Doña Rodríguez; la llegada de un carro con encantadores y magos, entre ellos el propio Merlín, que apareció una noche anunciando el encantamiento de Dulcinea en forma de rústica aldeana (encantamiento que solo desaparecería si Sancho Panza se propinaba a sí mismo tres mil trescientos azotes “en ambas sus valientes posaderas”); la aparición de la Condesa Trifaldi y su cortejo de damas barbudas solicitando la ayuda de don Quijote en la lejana isla de Candaya; el vuelo en el caballo de madera Clavileño…  No contentos los duques con todas esas bromas que les gastaron con la colaboración de sus sirvientes a los pobres don Quijote y Sancho durante los días que permanecieron invitados en su palacio, determinaron que ya era hora de darle al escudero la ínsula por cuya promesa se había embarcado en todas esas aventuras, más las que don Quijote le había hecho pasar antes de llegar allí, y ordenaron que se le llevara a un lugar cercano “que era de los mejores que el duque tenía” y que le hicieran gobernador de él.

En la falsa ínsula Barataria, Sancho Panza ejerce de gobernador, su sueño al fin realizado, durante varios días. Pero su sueño pronto se trocará en frustración, puesto que la farsa a la que los sirvientes del duque y los vecinos de Alcalá le someten convertirá el gobierno de su ínsula en una pesadilla, sin poder comer por si lo envenenan, sin poder dormir por si los enemigos asaltan de noche la ínsula, sin poder estar un minuto tranquilo.

¿Cómo extrañarse, pues, de que, al cabo de algunos días, el pobre Sancho cogiera al rucio, “que estaba en la caballeriza”, y por el camino por el que había llegado tomara el de la libertad sin saber si el lugar que dejaba atrás “era ínsula, ciudad o villa”, según escribe Cervantes?.

Monumento a Sancho Panza en Alcalá del Ebro

Monumento a Sancho Panza en Alcalá del Ebro

La escapada que te proponemos hoy comienza en Pedrola, a tan sólo 34 kilómetros de Zaragoza. Concretamente en el Palacio de los Duques de Villahermosa, donde, según cuenta la tradición, se hospedó Miguel de Cervantes durante un viaje que realizó acompañando a Monseñor Aquaviva en 1562.

Este viaje le serviría no solamente para conocer a los Duques de Villahermosa, sino también para disfrutar de todo su patrimonio y extenso territorio, así como las localidades vecinas. El palacio es un reflejo de la riqueza y poderío de estos duques, no sólo por el edificio en sí, sino además por todos los bienes que alberga en su interior.

Desde aquí partiremos a Alcalá de Ebro, donde veremos la realidad oculta tras la ficción. En la localidad nos encontraremos los dominios de Sancho Panza: la ínsula Barataria, una isla natural creada por las constantes crecidas del río Ebro.

Cervantes pudo ver esta peculiaridad del terreno, que serviría de inspiración para la definición y localización de las tierras que se entregaron a su icónico personaje.

Allí se tiene un gran aprecio por Sancho Panza; de hecho, en 1995 se colocó junto al Ebro una escultura en bronce que lo representa mirando hacia sus dominios en actitud pensativa y meditabunda.

Toda la información sobre la ruta está disponible en la página web de Turismo de la Comarca Ribera Alta del Ebro. En Alcalá de Ebro encontraremos diferentes empresas de turismo activo, servicios de alojamiento y restauración y un centro de interpretación que nos pueden ser de gran utilidad.