En 1993, cuando se urbanizó el tramo de la Avenida Cataluña frente a la antigua Estación del Norte, se creó un espacio ajardinado. En dicho jardín se ubicó una fuente decorada con un dragón, obra del escultor Carlos Ochoa, cuya idea original era que, además de la cabeza emergiendo del agua, la cola surgiese a unos 20 metros de ella, en el pavimento de la plaza, lo que impidió el insuficiente presupuesto destinado a la obra.

La escultura, realizada en fibra de vidrio policromada, mide unos 3 metros de alto por 4 largo y 1,5 de ancho.

San Jorge es el patrón de Aragón y Cataluña; pero mientras que en Barcelona ha proliferado tanto la iconografía de este santo y el dragón, o incluso el dragón a solas, no teníamos ninguno en las calles de la capital aragonesa hasta que Carlos Ochoa llenó este vacío con socarronería típicamente postmoderna. No sólo prescindió del santo, y nos presentó -como Gaudí en la Porta del Drac- un animal solitario, sino que eliminó además toda su fiereza, tanto por el alegre cromatismo de su piel -pintada con vivos rojos, amarillos y azules- como por esos ojillos mansos con que parece recabar nuestro afecto.

Dirección: Avenida Cataluña, frente a la entrada de la antigua Estación del Norte