En aquella época, el ferrocarril no estaba gestionado por una única compañía nacional, sino por diferentes empresas privadas que iban construyendo y explotando sus propias líneas. En el caso de Zaragoza, la estación pertenecía inicialmente a la Sociedad del Ferrocarril de Barcelona a Zaragoza, que posteriormente sería absorbida por otras compañías hasta integrarse en la poderosa Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, cuyo nombre todavía puede leerse en algunos elementos del edificio.
El carácter industrial de la estación iba en consonancia con el entorno de la margen izquierda del Ebro, una zona marcada por la actividad fabril. En sus alrededores se encontraban instalaciones como la Azucarera de Aragón, Maquinistas y Fundiciones del Ebro, la Alcoholera del Ebro o diversas papeleras y talleres industriales. Muchas de estas fábricas contaban con apeaderos y muelles propios para facilitar la carga y descarga de mercancías.
Esto convirtió a la Estación del Norte en un auténtico motor económico y logístico para Zaragoza, tanto en el transporte de viajeros como en el movimiento de mercancías. Su infraestructura creció progresivamente a medida que aumentaba el tráfico ferroviario, especialmente tras su conexión con la antigua estación del Portillo mediante el puente ferroviario de La Almozara, antecedente del actual puente sobre el Ebro.

Al observar la fachada actual, convertida en zona de aparcamiento, todavía se aprecia la monumentalidad del edificio. En su época de máximo esplendor, la estación contaba con dos estructuras paralelas entre las que se situaban las vías y andenes, cubiertos por una gran marquesina a dos aguas. En la parte trasera se extendía además una amplia playa de vías dedicada al tráfico ferroviario.
Más allá de su actividad diaria, la estación también fue escenario de momentos históricos relevantes. Uno de los más recordados tuvo lugar el 10 de febrero de 1911, cuando el tren que transportaba los restos de Joaquín Costa llegó a Zaragoza. El movimiento social del momento impidió su traslado a Madrid, y finalmente sus restos quedaron en la ciudad, donde reposan hoy en el Cementerio de Torrero.
Con la creación de RENFE en 1941, el sistema ferroviario español se centralizó, lo que provocó una reorganización de los flujos de tráfico. Poco a poco, la estación del Arrabal fue perdiendo protagonismo en favor de otras instalaciones como la del Portillo. En 1973 dejó de operar como estación de viajeros, quedando únicamente para tráfico de mercancías hasta su cierre definitivo en los años 80.
El abandono posterior dejó el edificio en un estado de deterioro durante décadas, hasta que en 2004 fue rehabilitado y reintegrado en la vida urbana como Centro Cívico Municipal, formando parte de la red de equipamientos del Ayuntamiento de Zaragoza.
Hoy, la antigua Estación del Norte representa un ejemplo de recuperación del patrimonio industrial, adaptado a nuevos usos culturales y sociales, y sigue siendo un símbolo del desarrollo ferroviario y urbano de la margen izquierda de la ciudad.
Dirección: Calle Perdiguera 7
Teléfono: 976 726 114

