Casi todas las edificaciones poseen más de dos plantas y predominan las viviendas. Distinguen por sus altos puntales y los balcones que sobresalen sobre la acera. Por lo general, carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona. A ratos, algún pequeño árbol acompaña nuestro trayecto.

El azote de la crisis económica hizo que numerosos locales bajaran la persiana en esta vía comercial. La avenida Cataluña ostenta el desafortunado título de ser una de las avenidas con más establecimientos cerrados, galardón que comparte con Miguel Servet y San José, según el último censo de ECOS. En concreto, más de 50 locales desocupados.

A la Avenida Cataluña se va a resolver cualquier cosa, a comprar en alguna tienda, o una librería -de nuevo o de viejo-, a tomar un café o poner crédito al teléfono, a sacar dinero, a hacerle un corte de cabello a la mascota. Esta calle reúne todos los usos en sí y se convierte en un mar de gente durante el día.

En el número 55 se encuentra la antigua Fábrica de Galletas Patria, un edificio industrial con empaque monumental situado justo detrás de la concurrida parada de los autobuses 21, 28, 32, 39 y 50.

Esta antigua factoría goza de una buena y rehabilitada apariencia. El ladrillo vista de su fachada es una característica firma de su proyector: Félix Navarro. Tal y como explicó hace 25 años Martínez Verón en ‘Arquitectura aragonesa: 1885-1920. Ante el umbral de la modernidad’, el arquitecto turiasionense lo trazó en 1909 para la Sociedad de Antonio Ximénez y Flores.

antigua Fábrica de Galletas Patria

A mitad de la calle, en el número 60, se encuentra la Casa Solans, una villa construida por el industrial harinero don Juan Solans, junto a su fábrica “La Nueva Harinera”.

Tanto por su diseño como por su decoración es un buen ejemplo de arquitectura ecléctica privada, que presenta una ornamentación modernista e historicista, en la que destacan por su vistosidad los paneles de azulejos policromos de la fachada occidental, con las figuras de los signos del zodiaco. Esta vistosidad hizo que se le conociera popularmente en el barrio como “la casa de los azulejos”.

Zaragoza se ha transformado en las últimas décadas a velocidad de vértigo. Si no fuera por que se ha conservado en parte, hoy nadie se acordaría de la antigua estación del Norte, una infraestructura que durante casi cien años fue clave para la ciudad y que estuvo en uso hasta mediados de los 80.

La primera piedra del edificio se puso el 12 de mayo de 1856, por el general Baldomero Espartero, quien fuera duque de la Victoria.

Estación del Norte de Zaragoza