Jaca es una ciudad llena de vida que aúna modernidad, tradición, historia, paisajes maravillosos y un patrimonio monumental único. Su proximidad a los centros invernales de Astún y Candanchú la convierten en la capital de la nieve y sus calles rebosan animación en cualquier época del año.

La ciudad más animada del Pirineo cuenta con un importante patrimonio del que sobresale su Catedral. Fue una de las primeras de estilo románico construidas en la península, allá por finales del siglo XI. Nació ligada al nuevo reino de Aragón y al Camino de Santiago, convirtiéndose en templo de referencia. Su influencia se aprecia en la reproducción del característico crismón trinitario de su portada principal o el famoso ajedrezado jaqués.

Entrada principal de la Catedral de San Pedro de Jaca

Entrada principal de la Catedral de San Pedro de Jaca

El extraordinario Museo Diocesano de Jaca es uno de los centros más importantes en cuanto a fondos de pinturas murales del románico de España. Estas son la joya de la corona pero sus más de 2.000 metros cuadrados de exposición albergan otros tesoros de arte medieval, como capiteles o tallas de vírgenes.

Los orígenes de la Ciudadela de Jaca se remontan a finales del siglo XVI. La mandó construir el rey Felipe II, empeñado en proteger la frontera pirenaica de un posible ataque de los protestantes asentados al otro lado de la cordillera.

Si bien, también planteó tal emplazamiento militar con idea de tener un destacamento preparado ante una posible sublevación aragonesa. De hecho ya os hablamos aquí de Juan de Lanuza y de cómo este monarca no tuvo reparo en saltarse los Fueros de Aragón, durante los eventos conocidos como las Alteraciones de Aragón.

El proyecto fue diseñado por el ingeniero italiano Tiburcio Spannocchi (autor de la fortificación del Palacio de la Aljafería de Zaragoza) inspirándose en los fuertes o ciudadelas configurados según sistemas defensivos “a la moderna” que debían adaptarse a las nuevas tácticas militares como el uso de la artillería y de las armas de fuego.

Se trata de una gigantesca estrella de cinco puntas realmente espectacular a vista de pájaro. Y todavía más por la alfombra de césped verde que la rodea. Por cierto, quien lo desee puede hacer la visita al interior del acuartelamiento.

El casco antiguo de Jaca acoge otros muchos edificios de interés como las iglesias de Santiago, del Carmen o San Salvador y San Ginés, con el sarcófago de la infanta Doña Sancha, auténtica joya de la escultura románica.

Pasear mirando escaparates y disfrutando del ambiente de la elegante calle Mayor es otra de las cosas que hacer en Jaca. Esta vía es peatonal y muy cómoda para caminar sin prisas mientras se observan las tiendas situadas a ambos lados.

Allí también está la arquitectura renacentista de la Casa Consistorial o el capricho de estilo neogótico con influencia morisca de la casa del número 32, una obra del arquitecto Francisco Albiñana, autor del Casino Mercantil de Zaragoza.

Ya sea invierno o verano, primavera u otoño, Jaca es una ciudad llena de vida, con calles repletas de tiendas, bares y restaurantes.

Cerca de la Catedral, un buen plan es tomarse un café en el mítico Casa Fau y acompañarlo con un dulce de La Imperial, una de las pastelerías más famosas de Jaca.
Además, nadie se puede ir de Jaca sin probar un Rodolfito. Es la tapa más famosa de la localidad y la sirven en La Tasca de Ana, uno de los bares típicos de tapeo del casco antiguo.

La Tasca de Ana, Tapas en Jaca, Aragón

Tapas en La Tasca de Ana

Otro plan que no se puede obviar es terminar la tarde tomándose algo en alguna terraza, como la del Sansanet. Se trata de un bar donde se sirven copas con mimo y donde la música invita a pasar un buen rato al aire libre.

La mejor panorámica de la ciudad la encontrarás desde el Fuerte de Rapitán, que se funde con el paisaje. Es uno de los enclaves más interesantes del amplio patrimonio militar con el que cuenta La Jacetania. Se construyó a finales del siglo XIX como parte de una red defensiva paralela a la línea de tren Oloron-Canfranc. Está situado en el cerro del mismo nombre, a 1.142 metros de altitud. La fortaleza ocupa una superficie de 35.540 metros cuadrados y en 1978 se reformó para convertirlo en residencia y centro de actividades culturales.

Y desde el mirador de Peña Oroel, al que podrás subir en coche, disfrutarás de unas bellas vistas de todo el Valle del Aragón. Es una cumbre a 1.769 metros de altura, visible desde cualquier punto de la localidad. La ruta de ida y vuelta desde el mirador es de unos 8 kilómetros, que se recorren en un tiempo estimado de poco más de tres horas.