La culminación de las obras del Canal Imperial de Aragón en 1784 fueron conmemoradas con la construcción de esta fuente en 1786 para desengañar a quienes no creyeron en la viabilidad del proyecto, a lo que alude con meridiana claridad su nombre de Fuente de los Incrédulos, según muestra la placa inscrita en el frontal: Incredulorum convictioni et viatorum commodo. Anno MDCCLXXXVI (Para convencimiento de incrédulos y alivio de caminantes. Año 1786).

Fue el propio Ramón Pignatelli, promotor del canal, quien hizo construir, para recuerdo del éxito de la empresa, esta fuente de estilo neoclásico aunque con claros recursos barrocos. Incluso pudo ser Pignatelli quien diseñara la fuente basándose en repertorios conocidos.

Se trata de una sencilla pieza de exquisita arquitectura en piedra blanca rematada por tres copas triunfales que imitan la composición formal de la ejecutada por Ventura Rodríguez en la Fuente de los Galápagos de Madrid.

Fuente de los Incrédulos

Era el Canal una obra hidráulica de primer orden en su tiempo; tomaba las aguas del Ebro en El Bocal, cerca de Tudela, cumpliendo tres objetivos: suministro de riego, fuente de energía y vía de comunicación.

La Casa Blanca, era uno de los dos puertos del Canal en Zaragoza. Constaba de embarcadero, almacenes, posada y capilla. Se unía a la ciudad por un paseo arbolado que cruzaba la acequia del Sábado, en el término de la Romareda; también conectaba con el camino real a Daroca, Madrid y Valencia.

En este estratégico lugar estableció el mariscal francés Lannes su cuartel general en enero de 1809, durante el sitio de la ciudad, y el él se firmó su capitulación.

En conjunto se completaba con el molino, el batán y las esclusas, que salvan un desnivel de 6,5 m. Vaciando y llenando sus vasos, las naves descendían o se elevaban. La operación se realizaba en unos ocho minutos.

El molino harinero se convirtió, a finales del siglo XIX, en una de las primeras centrales hidroeléctricas de Zaragoza.

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