A pocos kilómetros del centro de Zaragoza, entre el entorno urbano y los campos del norte de la ciudad, se encuentra uno de sus conjuntos históricos menos conocidos: el Monasterio de Nuestra Señora de Cogullada.
Situado a unos cuatro kilómetros de Zaragoza, cerca del barrio rural de San Juan de Mozarrifar, el edificio acumula siglos de historia. A lo largo del tiempo ha sido ermita, monasterio, centro religioso, escuela de formación agraria y espacio educativo, conservando todavía buena parte del carácter monumental que define el conjunto.
El origen del monasterio está vinculado a una antigua tradición recogida por diversos autores, entre ellos Fray Diego Murillo en el siglo XVII.
Según este relato, en el año 637 una humilde mujer habría encontrado en este paraje una imagen de la Virgen tras ser guiada por el canto de una cogujada, una pequeña ave conocida popularmente en la zona como «cogullada».
En el lugar del hallazgo se habría levantado una pequeña ermita, a la que fue trasladada la imagen para ser venerada bajo la advocación de Nuestra Señora de Cogullada. Aquella construcción está considerada el origen del posterior conjunto religioso.
Siglos más tarde, en 1657, el canónigo de La Seo Claudio Mateo Sorbez impulsó la construcción del monasterio capuchino de Nuestra Señora de Cogullada junto a la antigua ermita.
El lugar se convirtió entonces en sede de la Cofradía de Nuestra Señora de Cogullada y de la Orden de los Capuchinos, que permaneció vinculada al conjunto hasta 1835, cuando los religiosos abandonaron el monasterio.
Tras varias décadas sin vida monástica, en 1896 el edificio pasó a manos de un grupo de monjes procedentes de la abadía benedictina francesa de Solesmes.
Durante los primeros años del siglo XX, el antiguo cenobio fue objeto de importantes reformas que modificaron notablemente su aspecto y ayudaron a configurar la imagen que presenta en la actualidad.
Después de un nuevo cambio de propiedad, las instalaciones fueron adquiridas por la entidad de ahorro que posteriormente daría origen a Ibercaja.
Las obras de restauración y transformación realizadas en el conjunto reforzaron su actual carácter neomudéjar, especialmente visible en el empleo del ladrillo, las galerías de arcos y diferentes elementos decorativos de inspiración historicista.
Uno de los elementos más reconocibles del complejo es su torre de planta cuadrada, que sobresale sobre el conjunto y puede distinguirse desde diferentes puntos de los alrededores.
El monasterio está además rodeado por amplias zonas ajardinadas, que contribuyen a aislar el edificio del paisaje industrial y urbano que se fue desarrollando posteriormente a su alrededor.
El Monasterio de Cogullada vivió una nueva etapa a partir de 1943. Por iniciativa de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, Aragón y Rioja, se creó allí la denominada Casa de Economía Rural de Nuestra Señora de Cogullada.
El proyecto está considerado como la primera escuela de formación y capacitación de agricultores de España y convirtió al antiguo monasterio en un importante centro dedicado a la modernización y profesionalización del sector agrario.
De esta forma, el conjunto dejó de tener exclusivamente una función religiosa para consolidarse también como un espacio vinculado a la educación y la formación profesional.
Su importancia institucional hizo que el Monasterio de Cogullada sirviera también como lugar de alojamiento y recepción durante diferentes visitas oficiales a Zaragoza.
Entre las personalidades que han pasado por sus instalaciones se encuentran el rey Juan Carlos I, el anterior jefe del Estado Francisco Franco y el científico estadounidense Norman Borlaug, Premio Nobel de la Paz en 1970 y una de las figuras fundamentales de la denominada Revolución Verde.
Actualmente, el histórico conjunto de Cogullada continúa vinculado a la formación a través de Fundación Ibercaja, manteniendo así una función educativa que, aunque muy diferente de aquella escuela agraria inaugurada en 1943, prolonga la relación del edificio con el aprendizaje y el conocimiento.
Aulas, espacios para reuniones y actividades formativas conviven hoy con la iglesia, los edificios históricos y los jardines de un lugar que ha evolucionado durante siglos sin perder el nombre con el que los zaragozanos siguen identificándolo: el Monasterio de Cogullada.
Dirección: Carretera de Cogullada, 127

