Seguro que has pasado decenas de veces junto a él, pero quizá nunca te hayas detenido a mirar uno de sus detalles más sorprendentes. La sede central de Ibercaja en Zaragoza, situada junto a la plaza de Basilio Paraíso, esconde a pie de calle una enorme obra de arte formada por 1.500 metros cuadrados de relieves cerámicos.
Son obra del ceramista Eduardo Cuní y recorren buena parte de la base de uno de los edificios más reconocibles de esta zona de Zaragoza. Pero no es el único elemento singular que guarda el inmueble: en su interior se encuentra el Patio de la Infanta y también conserva obras del escultor Ángel Orensanz.
Para conocer el origen del edificio hay que remontarse a 1977, cuando Teodoro Ríos Usón proyectó para Ibercaja, entonces denominada Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja, una nueva sede central junto a la plaza de Basilio Paraíso.

Inaugurado en 1980, el inmueble apostaba por la nueva arquitectura internacional asociada a las entidades financieras, los grandes volúmenes y las superficies acristaladas resueltas en muro cortina.
El conjunto se articula mediante dos grandes volúmenes prismáticos paralelos levantados sobre un basamento de tres plantas, en el que se concentran buena parte de las dependencias abiertas al público. En sus fachadas, la piedra gris contrasta con los grandes paños de cristal, reforzando el juego entre la horizontalidad de la base y la verticalidad de los cuerpos superiores.

La imagen corporativa se mantenía tan marcada y definida como lo había estado durante décadas en los edificios historicistas, aunque ahora con una intención mucho más cosmopolita y moderna.
El edificio respondió a la voluntad de lograr una estética pulida y limpia, de formas bien proporcionadas, que no incomodaran al usuario y que le hicieran sentirse en un espacio privilegiado y especial.

Con sus referencias al estilo internacional, el edificio aportó un factor innovador y de renovación arquitectónica a la ciudad que tendría numerosos ejemplos de continuidad durante las dos décadas siguientes.
En el proyecto inicial, los dos cuerpos verticales del edificio tenían mayor altura y el conjunto se caracterizaba por una mayor esbeltez. Sin embargo, las limitaciones impuestas por el Ayuntamiento obligaron a reducir la altura total hasta los 60 metros y, en consecuencia, el edificio adquirió unas proporciones más horizontales.

Pese a ello, el inmueble aprovecha bien su ubicación urbana, una de las más ricas en puntos de vista de la ciudad, en el encuentro entre los paseos de Sagasta y de la Constitución y en plena plaza de Basilio Paraíso.
De hecho, la sede de Ibercaja fue uno de los últimos elementos, junto a El Corte Inglés, que terminó por redefinir la centralidad urbana de Zaragoza, desplazándola hacia el sur desde la Plaza de España hasta la plaza de Basilio Paraíso.
Otro de los elementos más singulares del edificio se encuentra a pie de calle. La base de la sede de Ibercaja está recorrida por un monumental conjunto de relieves cerámicos realizados por Eduardo Cuní, uno de los nombres destacados de la cerámica contemporánea española.
La obra está formada por tres grandes frisos horizontales que se adaptan a la planta baja del edificio y recorren buena parte de sus fachadas. El conjunto se desarrolla mediante diferentes quiebros en ángulo recto y alcanza aproximadamente 1.500 metros cuadrados de superficie.

Las piezas presentan una composición abstracta basada en formas geométricas, incisiones, óvalos, cuadrados, rectángulos y trazos longitudinales. Predominan los tonos blancos y grisáceos, acompañados de algunos matices verdosos y suaves amarillos.
Uno de sus aspectos más interesantes es precisamente su relación con la luz. Cuní empleó vidriados inspirados en técnicas de celadón y reflejos de plata, cuya transparencia hace que el relieve y sus tonalidades cambien de aspecto dependiendo de la incidencia de los rayos solares a lo largo del día.
De esta manera, la cerámica rompe la aparente uniformidad del gran volumen acristalado y convierte la parte inferior del edificio en una obra artística integrada en la propia arquitectura.

En su interior se encuentra el Patio de la Infanta, una de las obras maestras del Renacimiento aragonés.
En la planta baja encontrarás Espacio Xplora, un lugar abierto a todas las personas que quieran ampliar conocimientos asistiendo a eventos o ciclos sobre temáticas de actualidad o a través de experiencias ligadas a las nuevas tecnologías. También permite mantener encuentros profesionales en un espacio habilitado para ello o reunirse con un experto de Ibercaja.

La sede central de Ibercaja cuenta además con dos esculturas exentas —es decir, sin contacto con ningún muro o pared— de Ángel Orensanz, ambas de planteamientos estilísticos similares.
Una fue instalada en el hall principal y recibió el título de Iron Screen, mientras que la otra se encuentra a la salida del garaje de la entidad y lleva por título Illinois.

Dirección: Calle San Ignacio de Loyola, 16

