Situada en el recinto Expo, junto al río Ebro, frente al Pabellón de España, The Sonic Forest (el Bosque Sónico) es una instalación interactiva y multisensorial que forma parte de la serie “Instrumentos Musicales Urbanos” de Christopher Janney.

El Bosque Sónico se compone de 21 “árboles electrónicos”, esbeltas columnas de aluminio con altavoces, luces y sensores fotoeléctricos, cada una de ellas de 2,75 metros de altura y 0,20 metros de diámetro.

Tocar los árboles electrónicos desencadena una serie de eventos, desde una banda sonora de tonos melódicos, sonidos ambientales y palabras habladas o susurradas, a una cambiante paleta de luces de colores LED.

Sonic Forest nació en 1991 cuando el autor recibió el encargo del National Endownment for the Arts para desarrollar un proyecto artístico que ayudara a revitalizar espacios abiertos dentro del entorno urbano.

Christopher Janney diseñó un montaje adaptado a la escala humana, un bosque interactivo de luz y sonido que sólo funciona cuando hay usuarios, por lo cual es necesario ubicarlo en plazas muy transitadas o en el corazón de algún festival o evento multitudinario.

El Bosque Sónico ha recorrido el Bonnaroo Music and Arts Festival de Tennessee, el Coachella Valley Music and Arts Annual Festival de California o los Juegos Olímpicos de Londres en el Reino Unido.

Además de la de Zaragoza, tambien hay instalaciones permanentes en Manchester y Nueva York.

El visitante del Sonic Forest de Zaragoza, lejos de ser un mero partícipe, ha de interferir en esa conexión, matizarla y sobre todas las cosas, exigirla.

Nos consta que nada haría más feliz al artista que el ciudadano debatiese sobre la pieza, aprendiese a tocarla como quien acude a un coro de la agrupación del barrio o alquila un local de ensayos para tocar la guitarra o la batería.

No por nada, los “árboles sónicos” tienen sus sensores fotoeléctricos a la altura de las manos de un niño, ya que son ellos quienes arrastran a los adultos hacia una experiencia sonora que entreteje fragmentos de Jazz con sirenas de barco, sonidos de la jungla con delfines hablando, o el canto de las ranas y los grillos por la mañana con flautas melódicas.

Conjuntamente, estos sonidos crean un “retrato sónico” de un mundo acuático que sólo se encuentra en tus sueños.

A todas luces (y sonidos), el Sonic Forest de Zaragoza es una superación de los ya existentes en Nueva York o Manchester y, ¿por qué no?, cabe considerarlo como el primero de los instrumentos de una futura orquesta digital de Zaragoza.

el legado de la exposicion internacional de zaragoza de 2008