La Flor de la Sierra Zaragoza Calle San Valero
La Flor de la Sierra Zaragoza

La Flor de la Sierra

En pleno casco histórico de Zaragoza, escondida en una pequeña calle junto a la Seo y la Real Maestranza, se encuentra una de esas tabernas en las que parece haberse detenido el tiempo. La Flor de la Sierra lleva desde 1925 formando parte de la historia gastronómica de la ciudad y es especialmente conocida por una especialidad tan sencilla como irresistible: sus sardinas a la plancha.

Más de un siglo después de su apertura, generaciones de zaragozanos continúan acercándose hasta la calle San Valero para tomar unas sardinas, unas madejas o unas patatas asadas en un establecimiento que conserva el ambiente de las antiguas tascas.

La historia de La Flor de la Sierra comienza en 1925, cuando abrió sus puertas en la calle de San Valero, a la sombra de la Seo y muy cerca de la Real Maestranza.

Inicialmente fue un almacén de vinos, pero con el paso del tiempo fue transformándose en taberna y terminó convirtiéndose en un lugar de culto para muchos paladares zaragozanos.

Su ubicación contribuye a hacerla todavía más especial. Se encuentra en una de las zonas con mayor historia de Zaragoza, a pocos pasos de la plaza de la Seo y de la plaza del Pilar, pero alejada durante unos metros del bullicio de las grandes vías del centro.

Atravesar su puerta supone también encontrarse con un tipo de establecimiento cada vez más difícil de encontrar.

Botellas de los años 40, azulejos, fotografías antiguas de la capital aragonesa y carteles de las Fiestas del Pilar forman parte de una decoración que no parece creada artificialmente para reproducir una antigua taberna: es el resultado de décadas de historia acumuladas entre esas paredes.

Entre todos esos recuerdos aparece incluso un disco de Más Birras. La vinculación no es casual: el grupo zaragozano llegó a grabar un videoclip en esta histórica taberna.

Pero si existe una razón por la que La Flor de la Sierra es conocida dentro y fuera del barrio, son sus sardinas a la plancha.

Hasta el punto de que muchos zaragozanos conocen sencillamente el establecimiento como el bar de las sardinas.

No hay elaboraciones complicadas ni presentaciones sofisticadas. La filosofía es mucho más sencilla: escoger un buen producto y dejar que la plancha haga el resto.

En La Flor de la Sierra prefieren las sardinas pequeñas procedentes del Mediterráneo. Cuando se les pregunta por el secreto de un plato que llevan preparando durante décadas, la respuesta tampoco es especialmente complicada: buen producto, plancha y toda la experiencia acumulada a lo largo de los años.

Precisamente ahí reside buena parte de su atractivo.

Las sardinas llegan a la mesa recién hechas y constituyen una de esas tapas que han terminado identificándose completamente con un establecimiento. Para muchos clientes habituales, pasar por La Flor de la Sierra sin pedirlas sería casi como no haber estado allí.

A lo largo de los años las han probado famosos cantantes, actores y escritores, pero, sobre todo, varias generaciones de zaragozanos que han mantenido viva la fama del establecimiento.

Las sardinas son las protagonistas, pero la oferta de La Flor de la Sierra va bastante más allá.

Por su barra no cesan de salir madejas, otra de las especialidades estrechamente vinculadas a la gastronomía aragonesa, además de champiñones y patatas asadas acompañadas de diferentes salsas, entre ellas alioli y ajoaceite.

La propuesta mantiene el carácter de una taberna tradicional: platos reconocibles, tapas y raciones pensadas para compartir y una cocina en la que el producto tiene más importancia que los artificios.

También pueden encontrarse propuestas como morro, embutidos, quesos, salazones, bonito en escabeche o ensalada de tomate, dependiendo de la oferta disponible.

Es precisamente esa combinación de sardinas, tapas tradicionales y ambiente de tasca la que ha permitido que La Flor de la Sierra conserve una identidad muy reconocible a pesar del paso de las décadas.

Aquí no se viene buscando cocina de vanguardia. Se viene a tomar unas sardinas recién hechas, compartir unas madejas o unas patatas y disfrutar de una taberna que continúa funcionando con una filosofía muy parecida a la de siempre.

Parte del encanto de La Flor de la Sierra consiste precisamente en que su historia no se encuentra únicamente en fotografías antiguas.

Está presente en el propio establecimiento.

Las botellas que llevan décadas en sus estanterías, los azulejos, los recuerdos, los carteles de las Fiestas del Pilar y las fotografías de Zaragoza forman un conjunto que ayuda a entender por qué esta taberna tiene tantos clientes fieles.

No es necesario realizar grandes esfuerzos para imaginar cómo debía ser el ambiente de los bares de esta zona del casco histórico hace varias décadas.

Y esa autenticidad resulta especialmente atractiva en una parte de Zaragoza por la que diariamente pasan miles de visitantes. A escasos minutos de algunos de los principales monumentos de la ciudad todavía sobrevive una taberna que conserva una personalidad propia y que sigue teniendo entre sus principales argumentos productos tan sencillos como unas sardinas, unas madejas o unas patatas.

La trayectoria del establecimiento también ha recibido reconocimiento fuera de Zaragoza.

Desde 2023, La Flor de la Sierra cuenta con un Solete de la Guía Repsol, distinción que pone el foco precisamente en establecimientos con personalidad propia y propuestas gastronómicas que merece la pena descubrir.

Un reconocimiento que encaja especialmente bien con una taberna centenaria cuya fama se ha construido durante décadas alrededor de la cocina sencilla, el producto y una de las barras con más historia del centro de Zaragoza.

Más de cien años después de su apertura, La Flor de la Sierra continúa siendo uno de los establecimientos clásicos de la gastronomía zaragozana.

Dirección: Calle San Valero, 8, junto a la Seo y la Real Maestranza, y a pocos minutos andando de la plaza del Pilar

 

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