A los 32 años, el zaragozano Ángel Sanz Briz fue destinado a Budapest como primer secretario de la embajada española. Ante la invasión nazi en 1944, el régimen de Franco retiró al embajador dejando al joven aragonés al frente de la legación en un momento de ingente turbulencia.

Sanz Briz presenció las atrocidades e injusticias a las cuales sometía Hitler a la comunidad judía en Budapest e inmediatamente informó a Madrid pidiendo instrucciones de cómo proceder. La respuesta fue no responder. Que también es un tipo de respuesta.

Entonces decidió con mucha valentía hacer los máximos esfuerzos para salvar el máximo posible de judíos. Expidió 200 pasaportes a sefardíes húngaros en base a una ley española que ya estaba derogada. Finalmente, la inmensa mayoría que salvó eran ashkenazíes.

Se las arregló –mediante series de letras y números y sin superar el número autorizado–, para otorgar pasaportes colectivos, salvoconductos y cartas de protección a familias enteras.

Sin permiso de España pero en su nombre, alquiló 11 edificios para darles refugio. Al ser anexo a la embajada, los nazis no podían entrar.

Gracias a su heroica labor humanitaria salvó a más de 5.200 judíos del Holocausto expediendo pasaportes y salvoconductos con el sello del gobierno español que les permitieron salir del país y esquivar la industria de exterminio de masas nazi.

El Parlamento de Israel le concedió el título de “Justo entre las Naciones” en 1966 y también autorizó la plantación de un árbol en su honor en el Monte del Recuerdo de Jerusalén.

El Gobierno de Hungría (el mismo contra el que 50 años atrás había tenido que litigar Sanz Briz) le concedió la Cruz de la Orden del Mérito de la República Húngara en 1994.

En la Gran Sinagoga de Budapest (la segunda más grande del mundo después de la de Nueva York) actualmente hay una placa que lleva su nombre.

En Zaragoza Ángel Sanz Briz tiene un pequeño monumento situado en un jardincillo de la Avenida Cesáreo Alierta, muy cerca del Pabellón Deportivo Príncipe Felipe.

Se le conoce popularmente como el “Schindler” español y, aunque su caso no sea tan famoso, Sanz Briz salvó a muchos más judíos que Schindler. Se calcula que hoy viven unos 50.000 descendientes de las personas salvadas por Ángel Sanz Briz.

Sanz Briz falleció en Roma en 1980 como embajador español ante la Santa Sede, cuando culminaba una carrera diplomática que le había llevado a Washington o Pekín.

Dirección: Plaza Ángel Sanz Briz (muy cerca de Cesario Alerta y el Pabellón Príncipe Felipe)