Casa de Albarracín, sede de la sección de Cerámica del Museo de Zaragoza

Casa de Albarracín, sede de la sección de Cerámica del Museo de Zaragoza

La sección de Cerámica del Museo de Zaragoza se encuentra en la Casa de Albarracín, dentro del Parque Grande José Antonio Labordeta.

El Museo de Zaragoza distribuye sus colecciones entre diferentes sedes. Las secciones de Antigüedad y Bellas Artes se encuentran en el edificio de la plaza de los Sitios, mientras que Cerámica y Etnología ocupan respectivamente la Casa de Albarracín y la Casa Pirenaica del Parque Grande. El museo cuenta además con la sección dedicada a la Colonia Celsa, en Velilla de Ebro.

La Casa de Albarracín alberga una colección que permite conocer la evolución funcional, técnica y estética de la cerámica a lo largo de la historia, desde piezas vinculadas a sus orígenes y al mundo antiguo hasta las producciones de los grandes alfares históricos y la alfarería popular que estuvo presente en los hogares aragoneses hasta mediados del siglo XX.

El recorrido permite descubrir cómo un material utilizado desde hace miles de años fue adaptándose a las necesidades de cada época. Objetos destinados a almacenar agua, cocinar o servir alimentos conviven con piezas decoradas en las que la cerámica adquiere también un importante valor artístico.

La colección de la sección de Cerámica del Museo de Zaragoza está organizada siguiendo un criterio evolutivo, lo que permite comprender los cambios experimentados por las piezas, sus funciones y sus procesos de fabricación a lo largo de los siglos.

La planta baja está dedicada precisamente a los diferentes usos que la cerámica ha tenido en la vida cotidiana. El recorrido comienza en la Prehistoria y avanza a través de diferentes periodos históricos, mostrando cómo fueron evolucionando tanto las formas como las técnicas empleadas para fabricar estos objetos.

Junto a las producciones aragonesas aparecen ejemplos procedentes de algunos de los principales centros cerámicos españoles, entre ellos Manises, Talavera y Alcora.

La exposición se completa con una maqueta del alfar de Huesa del Común (Teruel), que permite conocer mejor cómo era uno de estos espacios de trabajo y comprender las diferentes fases del proceso tradicional de fabricación de la cerámica.

Uno de los grandes atractivos de la colección se encuentra en la primera planta, dedicada a los principales alfares aragoneses especializados en cerámica decorada.

Entre ellos ocupa un lugar destacado Muel, uno de los centros históricos más importantes de Aragón. La colección conserva vajillas de mesa, aceiteras, terrizas y otras piezas realizadas entre los siglos XVI y XIX.

También está ampliamente representada la cerámica de Teruel, con platos, escudillas, morteros y otros objetos fechados entre los siglos XIV y XIX.

El tercer gran foco es Villafeliche, localidad con una importante tradición alfarera de la que se muestran piezas de los siglos XVII al XIX, entre ellas jícaras y botes de farmacia.

A través de estas colecciones pueden observarse diferentes estilos y técnicas que marcaron la evolución de la cerámica decorada aragonesa, desde producciones vinculadas a la tradición mudéjar hasta el empleo del reflejo metálico y el desarrollo de diferentes series polícromas.

La segunda planta está dedicada a una cerámica mucho más vinculada al día a día: la alfarería popular.

Sus piezas permiten acercarse a una forma de producción artesanal que durante siglos resultó imprescindible en las viviendas. Cántaros, tinajas, ollas y numerosos recipientes estaban destinados a tareas tan habituales como transportar y conservar agua, almacenar alimentos o cocinar.

Dentro de estas producciones pueden diferenciarse dos grandes grupos: la cantarería, relacionada principalmente con recipientes destinados al agua y al almacenamiento, y la ollería, en la que encontramos piezas utilizadas especialmente para cocinar.

Muchas de estas últimas estaban vidriadas para hacerlas más resistentes e impermeables y facilitar su utilización en contacto con líquidos y alimentos.

Estos objetos estuvieron presentes en la mayoría de los hogares aragoneses hasta mediados del siglo XX, cuando los cambios en las formas de vida y la aparición de nuevos materiales fueron desplazando progresivamente muchos de sus usos tradicionales.

La visita tiene otro atractivo más allá de las colecciones: el propio edificio. La Casa de Albarracín fue concebida como una recreación de las construcciones tradicionales de la Sierra de Albarracín, utilizando materiales como la piedra y la cerámica.

Casa de Albarracín, sede de la sección de Cerámica del Museo de Zaragoza

El edificio fue construido en 1955 a partir de una idea de Antonio Beltrán y según el proyecto del arquitecto Alejandro Allánegui. Su primera inauguración tuvo lugar en 1957.

La construcción cuenta con tres plantas y un semisótano, este último aprovechando el desnivel natural del terreno.

Su diseño no reproduce una única vivienda, sino que reúne elementos arquitectónicos procedentes de diferentes localidades turolenses. Para la fachada principal se tomaron como referencia construcciones de Bronchales y Calomarde, mientras que la puerta sigue un modelo de Albarracín.

Las rejas de las plantas superiores se inspiran en ejemplos de Bronchales y las situadas en la planta baja toman como referencia otras de Orihuela del Tremedal.

El resultado es un edificio que reúne en Zaragoza diferentes elementos característicos de la arquitectura tradicional de la provincia de Teruel.

Sobre la puerta de entrada se encuentra otro de los detalles que merece la pena observar: un escudo con los cuarteles de Zaragoza, Huesca y Teruel, acompañado por las armas de los Pardo Santayana.

Estas últimas recuerdan al gobernador civil que impulsó la construcción de las dos casas levantadas en el Parque Grande: la Casa de Albarracín y la cercana Casa Pirenaica, sede de la sección de Etnología del Museo de Zaragoza.

Otro sencillo escudo conserva la fecha de la primera inauguración de la Casa de Albarracín, en 1957.

La Casa de Albarracín no siempre estuvo dedicada a la cerámica. Durante años, el interior del edificio acogió las colecciones de Ciencias Naturales.

Esta función se mantuvo hasta 1991. Posteriormente, el espacio fue remodelado para adaptarlo a su nuevo uso y albergar las colecciones de Cerámica del Museo de Zaragoza.

La Casa de Albarracín reúne así un doble interés. Por una parte, permite realizar un recorrido por la historia de la cerámica y la alfarería, desde sus orígenes hasta las producciones tradicionales que se mantuvieron hasta el siglo XX, con especial protagonismo de los grandes centros aragoneses de Muel, Teruel y Villafeliche.

Por otra, el propio edificio constituye un pequeño homenaje a la arquitectura tradicional turolense y convierte esta sede del Museo de Zaragoza en uno de los rincones más singulares del Parque Grande José Antonio Labordeta.

Actualmente, la sección de Cerámica del Museo de Zaragoza permanece cerrada temporalmente por asuntos organizativos. El acceso a esta sección del museo es gratuito cuando se encuentra abierta al público.

Dirección: Parque Grande José Antonio Labordeta

 

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