Es un clásico capaz de provocar largas colas en la calle Alfonso. Las familias Trasobares y Bazán llevan desde 1949 endulzando el paladar de una clientela muy fiel.

Este espacio especializado en el mundo del chocolate sirve uno a la taza absolutamente irresistible, 100% natural, que debemos combinar con unos cuantos churros que se elaboran diariamente en el obrador del establecimiento.

Con una larga barra que ocupa casi todo el local y algunas mesas bajas, es el lugar de encuentro tanto de personas mayores de la zona como turistas que buscan un desayuno o merienda tradicional, un buen chocolate caliente acompañado de unos churros, buñuelos o porras, además de todo tipo de pastelería artesanal.

Eso sí, prepárate para esperar cola, porque siempre está llena. Lo que sí te aseguramos es que la espera merece mucho la pena.

Dirección: Calle de Prudencio, 25