Uno de los más antiguos molinos de la ciudad estaba ubicado en la parroquia de Altabás, junto al puente de Piedra, y alimentado con la acequia del Rabal. A mediados del siglo XVI funcionaba como molino se sal y se le denominaba Molino de Altabás, de San Lázaro o de la Sal.

En 1788, como consecuencia de las obras de ampliación del camino de Barcelona, y de la construcción de un nuevo pretil de protección frente a las inundaciones del Ebro, este molino fue piqueteado y se trasladó a una nueva ubicación aguas abajo, entre el convento de San Lázaro y el puente de Maderas, o Tablas, como molino de sal y también de harina.

En 1808, durante el Sitios de Zaragoza fue fortificado y sirvió de baluarte defensivo de la ciudad por el norte. En este lugar se ubicó una batería para cinco piezas, que enlazaba con unos graneros y el molino; desde allí se reforzaron y abrieron aspilleras en las tapias y edificios inmediatos al convento de San Lázaro.

La zona fue bombardeada y tomada por el enemigo tras cruentos combates. El molino sobrevivió a la Guerra de la Independencia e incluso a la gran crecida del Ebro de 1871, una de las más devastadoras de cuantas se conocen.

Desde finales del XIX y hasta 1927, fue denominado Molino de San Miguel por ser ese el apellido de su familia propietaria. Después, dejó de funcionar como molino, y el edificio fue utilizado como taller de metalistería de la misma familia.

En 1959 fue reconvertido en el Colegio de San Miguel, en funcionamiento hasta finales de la década de los 70, en que quedará abandonado.

En 2001 el Ayuntamiento catalogó el inmueble de “Edificio de Interés Arquitectónico”. En 2008 abrió como restaurante, recuperando parte del esplendor pasado.

Dirección: Paseo de la Ribera, 22