El Puente de Piedra de Zaragoza
El Puente de Piedra

El Puente de Piedra

El Puente de Piedra de Zaragoza es mucho más que una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Es el puente más antiguo que cruza el río Ebro a su paso por Zaragoza y ocupa un lugar por el que se ha atravesado el río desde hace aproximadamente 2.000 años.

Lo cruzamos para ir al Arrabal, pasear junto al Ebro o contemplar una de las mejores panorámicas de la Basílica del Pilar, pero bajo sus piedras se acumulan siglos de historia: antiguos pasos romanos, reconstrucciones medievales, grandes riadas, los Sitios de Zaragoza y hasta la voladura de uno de sus arcos por las tropas francesas.

Tiene aproximadamente 230 metros de longitud y, con buen tiempo, recorrerlo es uno de los paseos más agradables del centro de Zaragoza. Eso sí, cuando sopla con fuerza el cierzo procedente del Moncayo, atravesarlo puede convertirse en toda una experiencia.

Ciudadanos paseando o haciendo ejercicio en el entorno del Puente de Piedra
Ciudadanos paseando o haciendo ejercicio en el entorno del Puente de Piedra

El Puente de Piedra se levanta sobre ocho arcos, aunque uno de ellos, el situado más próximo al Casco Viejo, quedó hace tiempo enterrado bajo el paseo Echegaray y Caballero, junto a la Lonja. Por este motivo, actualmente se observan siete arcadas sobre el cauce y su entorno inmediato.

La historia de este paso sobre el Ebro comenzó mucho antes que la construcción del puente que contemplamos actualmente. En el mismo lugar ya existía una infraestructura durante la época romana.

Su posición no era casual. Coincidía aproximadamente con la prolongación del Cardo Maximus, la gran vía norte-sur de Caesaraugusta, correspondiente en buena medida con la actual calle Don Jaime I.

Frente a este punto se encontraba una de las puertas principales de la ciudad romana y el puente facilitaba la comunicación de Caesaraugusta con los territorios situados al norte y al noroeste de Hispania.

Vista del Pretil del Ebro y del Puente de Piedra

No conocemos con absoluta seguridad cómo era aquella construcción. Una de las hipótesis apunta a un puente formado por pilares de piedra y un tablero de madera. Lo que sí sabemos es que en el siglo I existía aquí un paso que resultaba fundamental para las comunicaciones de Caesaraugusta.

En una época en la que cruzar un gran río como el Ebro no era sencillo, disponer de un puente estable suponía una ventaja estratégica y comercial considerable para la ciudad.

El Ebro y el Puente de Piedra

También hay que tener en cuenta que hace dos mil años el cauce del Ebro presentaba diferencias respecto al actual y el nivel de las calles de la ciudad era considerablemente más bajo.

El progresivo aumento de la cota urbana explica, por ejemplo, que espacios arqueológicos como el Museo del Puerto Fluvial Romano se encuentren actualmente varios metros por debajo del nivel de la calle.

La importancia del paso sobre el Ebro continuó durante la etapa musulmana. En el siglo IX, Saraqusta era ya una de las ciudades más importantes de la Península Ibérica y llegó a alcanzar aproximadamente 26.000 habitantes.

Vista del Puente de Piedra desde el pretil de San Lázaro
Vista del Puente de Piedra

Las referencias escritas más antiguas sobre el puente proceden precisamente de fuentes musulmanas. El tratado conocido como Kitab al-Rawd al-Mitar describe un puente de madera apoyado sobre pilares de piedra.

En el año 839, el emir Abd al-Rahman II ordenó su rehabilitación por motivos estratégicos, ya que permitía facilitar el desplazamiento de tropas y mantener las comunicaciones de la ciudad.

Tras la conquista cristiana, el paso mantuvo su importancia. Los documentos medievales recogen que el rey Alfonso I el Batallador atravesó este punto después de conquistar Saraqusta en 1118.

ribera del ebro y el puente de piedra

El puente que vemos actualmente comenzó a tomar forma a comienzos del siglo XV. Las obras arrancaron en 1401 y el gran puente gótico quedó terminado hacia 1440, convirtiéndose desde entonces en una de las principales infraestructuras de Zaragoza.

Para su construcción se utilizaron piedras procedentes de Muel, La Muela y Castellar y participaron los maestros Frenoya y Coirat, además del italiano Matéu.

El proyecto fue de tal magnitud que incluso contó con la intervención del papa aragonés Benedicto XIII, el papa Luna, que facilitó determinados permisos relacionados con la extracción de materiales y la construcción.

El Puente de Piedra con la torre y el cimborrio de la catedral de La Seo al fondo
El Puente de Piedra con la torre y el cimborrio de la catedral de La Seo al fondo (Foto: Bearfotos)

El puente no era únicamente una infraestructura para atravesar el Ebro. También constituía un elemento de prestigio para la Zaragoza medieval.

El Concejo se reunía muy cerca de La Seo, en un edificio conocido como las Casas del Puente, mientras que el acceso norte a la ciudad se realizaba a través de la Puerta del Ángel, coronada con una representación del Ángel Custodio.

El puente, la puerta y los edificios próximos formaban así uno de los conjuntos monumentales más representativos de la Zaragoza medieval.

Vista del Puente de Piedra desde la Ribera del Ebro

Los machones del puente también fueron aprovechados para instalar molinos que el Concejo arrendaba y que permitían sacar partido económico a la fuerza de la corriente del Ebro. Todavía pueden localizarse algunos restos relacionados con aquellas instalaciones.

Vista de Zaragoza (1647), por Martínez del Mazo. A la derecha aparece el Puente de Piedra dañado en 1643 por una riada.
Vista de Zaragoza (1647), por Juan Bautista Martínez del Mazo. A la derecha aparece el Puente de Piedra dañado en 1643 por una riada

A lo largo de sus casi seis siglos de existencia, el puente ha tenido que enfrentarse en numerosas ocasiones a uno de sus mayores enemigos: las crecidas del río Ebro.

Una de las más destructivas tuvo lugar en 1643, cuando una gran riada derribó las arcadas quinta y sexta. La magnitud de los daños quedó inmortalizada pocos años después por Juan Bautista Martínez del Mazo en su conocida obra Vista de Zaragoza, pintada en 1647.

Las obras de reconstrucción estuvieron dirigidas por Felipe de Busignac y Borbón y finalizaron en 1659.

Para celebrar la recuperación del puente, el Concejo de Zaragoza encargó entonces cuatro leones de piedra, símbolo histórico de la ciudad, que fueron colocados en sus accesos.

Más de un siglo después, Zaragoza seguía intentando protegerse de las crecidas del Ebro. En 1789 el arquitecto Agustín Sanz, autor también de intervenciones vinculadas a la Puerta del Carmen y al Teatro Principal, construyó el pretil del Ebro entre el Puente de Piedra y el Convento de San Lázaro.

El Puente de Piedra y el pretil del Ebro
El Puente de Piedra y el pretil del Ebro

Este gran murallón se levantó en apenas seis meses y las obras terminaron el 24 de diciembre de 1789. Su objetivo era reducir el riesgo de inundaciones en la margen izquierda durante las grandes avenidas del río.

vistas del pilar desde el puente de piedra de zaragoza
Vista del Pilar desde el Puente de Piedra
Vista desde el Puente de Piedra desde el Río Ebro
Vista del Puente de Piedra desde la ribera del río Ebro

Otro de los capítulos fundamentales de la historia del puente tuvo lugar durante los Sitios de Zaragoza.

Durante los combates, el puente se convirtió en un punto estratégico para las comunicaciones entre la ciudad y el Arrabal. Las baterías francesas castigaron esta zona con especial intensidad y la caída de la iglesia de Altabás y del convento de San Lázaro terminó siendo decisiva para los defensores de la margen izquierda.

Pero uno de los episodios más espectaculares ocurrió unos años después. El 9 de julio de 1813, cuando las tropas francesas abandonaban definitivamente Zaragoza, hicieron volar la arcada norte del Puente de Piedra para dificultar la persecución de las fuerzas que avanzaban tras ellas.

Voladura del puente de Piedra de Zaragoza la noche del 9 de julio de 1813, al ser abandonada por los franceses. Aguafuerte anónimo, atribuido a M. Latassa.
Voladura del puente de Piedra de Zaragoza la noche del 9 de julio de 1813, al ser abandonada por los franceses. Aguafuerte anónimo, atribuido a M. Latassa (Foto: Gran Archivo Zaragoza Antigua)

La reparación debió realizarse rápidamente. Tenemos constancia de que en 1814 el puente volvía a estar operativo, ya que fue utilizado por el rey Fernando VII durante su regreso hacia Madrid.

la basílica del Pilar, desde la otra orilla del Ebro.con antiguo puente, el puente de piedra, el más antiguo de la ciudad, de origen romano y restaurado en numerosas ocasiones.
La basílica del Pilar y el puente de piedra, el más antiguo de la ciudad, de origen romano y restaurado en numerosas ocasiones, 1860. Charles Clifford (Foto: Biblioteca Nacional de España bajo licencia CC-BY-NC-SA)

Los actuales leones son uno de los elementos más fotografiados del puente, pero su historia comenzó mucho antes de 1991.

Como hemos visto, después de reconstruir las arcadas destruidas por la riada de 1643, el Concejo encargó en 1659 cuatro leones de piedra para custodiar las entradas del puente. El león era ya entonces uno de los grandes símbolos de Zaragoza.

A comienzos del siglo XX, sin embargo, el puente fue objeto de una importante remodelación. En 1906 se demolieron las construcciones y torres que flanqueaban sus extremos para facilitar el tránsito y también fueron retirados los antiguos leones.

Su destino fue especialmente desafortunado: acabaron abandonados en una escombrera. El Puente de Piedra perdió así durante varias décadas uno de los elementos que habían caracterizado su imagen histórica.

Otro de los monumentos que encontramos al atravesar el puente es la Cruz en Memoria de Boggiero, Sas y el Barón de Warsage.

Fue diseñada en 1908 por el arquitecto Ricardo Magdalena y recuerda algunos de los dramáticos acontecimientos relacionados con los Sitios de Zaragoza.

La inscripción señala: «Aquí fueron vilmente asesinados el R.P. Basilio Boggiero y el presbítero M. Santiago Sas. Aquí cayó mortalmente herido el Barón de Warsage».

La cruz en memoria de Boggiero, Sas y el Barón de Warsage
Cruz en Memoria de Boggiero, Sas y el Barón de Warsage

Hubo que esperar hasta 1991 para que los leones regresaran definitivamente al Puente de Piedra.

El escultor zaragozano Francisco Rallo realizó entonces en bronce las cuatro figuras que podemos contemplar actualmente, recuperando simbólicamente la antigua imagen de los accesos al puente.

Sin embargo, Rallo no se limitó a reproducir los modelos históricos. Concibió cuatro leones despiertos, atentos y en actitud de proteger la ciudad.

Dos de ellos miran hacia la calle Don Jaime I y los otros dos orientan su mirada hacia el Arrabal, como si custodiaran ambos extremos del puente.

Los grandes pedestales, de aproximadamente siete metros de altura, fueron diseñados por el arquitecto José Manuel Pérez Latorre.

Detalle de uno de los leones del Puente de Piedra que mira hace la Calle Don Jaime
Detalle de uno de los leones del Puente de Piedra que mira hace la Calle Don Jaime

Además de su enorme importancia histórica, el Puente de Piedra ofrece una de las imágenes más conocidas de Zaragoza.

Desde la ribera del Ebro, junto al puente y a los restos del antiguo Convento de San Lázaro, puede contemplarse una panorámica excepcional de la Basílica del Pilar.

El Balcón de San Lázaro, situado en la margen izquierda, se ha convertido precisamente en uno de los lugares favoritos para fotografiar el puente, el río y las torres y cúpulas del Pilar en una misma imagen.

Los dos leones del Puente de Piedra que miran hacia el Arrabal
Los dos leones del Puente de Piedra que miran hacia el Arrabal

Uno de los mejores momentos para acercarse hasta esta zona es al final del día. La puesta de sol transforma completamente el paisaje.

La luz comienza proyectando tonos dorados sobre las fachadas de el Pilar y la Lonja, mientras el Ebro refleja poco a poco los cambios de color del cielo.

Corriente Ribera del Ebro

Durante unos minutos aparecen tonos azules, naranjas, rosas y violetas que convierten este tramo de la ribera en uno de los escenarios más fotogénicos de Zaragoza.

Además, basta con cruzar el Puente de Piedra desde la plaza del Pilar para llegar en pocos minutos hasta la margen del Arrabal y contemplar una de las imágenes más representativas de la ciudad.

atardecer en el mirador del Balcón de San Lázaro
Atardecer en el mirador del Balcón de San Lázaro

Sentarse frente al Ebro y ver cómo cae el sol detrás del perfil monumental de Zaragoza es una de esas experiencias sencillas que merece la pena recomendar a quien visita la ciudad por primera vez.

Y también a quienes vivimos aquí: después de casi seis siglos atravesando el Ebro con su estructura actual, el Puente de Piedra continúa siendo uno de los mejores lugares para recordar por qué esta vista forma parte inseparable de la imagen de Zaragoza.

Personas pasendo en el entorno del Puente de Piedra

Dirección: El Puente de Piedra se localiza sobre el río Ebro a la altura de la Calle Don Jaime I (margen derecha) y el Barrio del Arrabal (margen izquierda), uniendo este barrio con el centro de Zaragoza

 

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