En pleno corazón de Zaragoza, a pocos pasos de la plaza del Pilar, se encuentra uno de esos establecimientos en los que resulta difícil saber dónde termina la cafetería y dónde comienza el monumento. Su fachada, sus grandes escaparates, los artesonados, las columnas de fundición y su recargada decoración hacen pensar que este elegante local situado en el número 25 de la Calle de Alfonso I lleva prácticamente toda la vida formando parte del paisaje de la ciudad.
Y, en cierto modo, así es. La historia del actual Café 1885 comienza precisamente en el siglo XIX, cuando este espacio abrió sus puertas como Joyería Aladrén, uno de los establecimientos comerciales más prestigiosos y longevos de Zaragoza.
El local constituye además un magnífico ejemplo de cómo era el comercio de lujo de la Zaragoza burguesa de finales del siglo XIX. Su valor va mucho más allá de su actual uso hostelero: la antigua Joyería Aladrén está reconocida como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés y es uno de los locales comerciales históricos más importantes que se conservan en la ciudad.
Para conocer los orígenes del establecimiento hay que remontarse a 1885. Apenas habían transcurrido dos décadas desde la apertura de la calle Alfonso I, la gran vía rectilínea que había transformado esta parte del casco histórico conectando el Coso con las proximidades de la plaza del Pilar.
En aquella nueva calle destinada a convertirse en uno de los escaparates de la burguesía zaragozana abrió sus puertas la Joyería Aladrén. El proyecto fue realizado por el arquitecto Luis Aladrén y presentado por su hermano, el joyero Alberto Aladrén, al propietario del inmueble, Mariano Baselga.
La intención era crear un comercio de lujo a la altura de aquella nueva Zaragoza. Y no se escatimó precisamente en decoración. Arquitectura, mobiliario y ornamentación formaban parte de la experiencia de entrar en una joyería en la que el propio establecimiento debía resultar casi tan llamativo como las piezas expuestas en sus vitrinas.
El resultado fue un espacio de estilo ecléctico e historicista, característico de finales del siglo XIX, en el que convivían diferentes influencias decorativas.
Durante más de un siglo fue uno de los comercios con mayor solera de Zaragoza. La Joyería Aladrén estuvo relacionada además con personajes tan destacados como el papa Juan Pablo II o la reina Fabiola de Bélgica y en su taller se fabricó el óculo de la columna del Pilar que generaciones de aragoneses han besado en la Basílica del Pilar.
La actividad de la histórica joyería llegó hasta 1997, coincidiendo con la retirada de José Ignacio Lacruz, considerado el último platero del Tesoro del Pilar.
Un año después comenzó una nueva etapa para el establecimiento. En 1998 abrió como Gran Café de Zaragoza, manteniendo así vivo el histórico local, aunque sustituyendo las joyas y la orfebrería por la actividad hostelera. El Gran Café permaneció abierto durante más de dos décadas hasta que cerró sus puertas en octubre de 2020.

La historia del establecimiento no terminó con aquel cierre. Tras una profunda intervención, el emblemático espacio volvió a abrir sus puertas en 2022 convertido en el actual Café 1885, un nombre que recuerda precisamente el año en el que comenzó la historia de la antigua Joyería Aladrén.
Detrás de la recuperación se encuentra Santiago Baselga, tataranieto de Mariano Baselga, propietario del inmueble cuando abrió la joyería en el siglo XIX. La propiedad había permanecido vinculada a la misma familia a pesar de los diferentes negocios que habían ocupado el establecimiento.
La rehabilitación buscó algo más ambicioso que instalar una cafetería dentro de un local antiguo. El objetivo fue recuperar en la medida de lo posible el aspecto y la esencia del establecimiento original de 1885.
La restauración fue dirigida por Cronotopos Arquitectura y requirió nueve meses de trabajo. Cerca de 40 proveedores y más de 100 profesionales de diferentes gremios participaron en una intervención especialmente compleja por el enorme valor patrimonial del establecimiento.
Se recuperaron y restauraron artesonados, pilares y columnas de fundición, tallas de madera, elementos decorativos y placas de latón, intentando devolver al conjunto el esplendor que había tenido más de un siglo atrás.
El resultado es un cuidado establecimiento que transporta al visitante hasta otra época y que por momentos recuerda a los grandes cafés europeos de finales del siglo XIX y principios del XX.
Buena parte del atractivo del Café 1885 está precisamente en mirar a su alrededor. El antiguo establecimiento comercial fue concebido como un espacio en el que arquitectura y decoración tenían un enorme protagonismo, algo que todavía hoy puede apreciarse.
En el exterior destaca su característica fachada en chaflán, con grandes escaparates acristalados y plafones decorativos. Sobre ellos se extiende una marquesina de hierro y cristal de la que cuelga uno de los elementos más reconocibles del establecimiento: su reloj de dos esferas.
En el interior aparecen columnas y radiadores de fundición, pavimentos históricos, techos de madera, espejos y una abundante decoración de inspiración historicista.
Uno de sus espacios más espectaculares es la sala Luis XVI, antigua trastienda de la joyería, cuyo nombre procede precisamente de su exuberante ornamentación. Sus techos blancos y dorados y la abundancia de detalles decorativos crean un ambiente completamente diferente al de la sala principal.
En tiempos de la Joyería Aladrén este espacio estaba destinado a recibir de manera más reservada a algunos de los clientes más distinguidos del establecimiento.

El contraste entre la elegante sala Luis XVI y el sótano no puede ser mayor. Bajo el establecimiento aparece un espacio mucho más austero, dominado por la piedra y por una estética que recuerda a las antiguas bodegas escondidas bajo numerosos edificios del casco histórico zaragozano.
Recorrer las distintas estancias permite así descubrir diferentes ambientes dentro de un mismo establecimiento.
Los grandes escaparates que durante décadas servían para que los zaragozanos contemplaran desde la calle las joyas expuestas en sus vitrinas tienen ahora una función casi inversa. Desde las mesas situadas junto a las cristaleras permiten observar el constante ir y venir de personas por una de las calles peatonales más transitadas de Zaragoza.

Donde antiguamente hubo vitrinas con joyas, sortijas y piezas de orfebrería, hoy la gastronomía ocupa el protagonismo.
La propuesta permite disfrutar del establecimiento prácticamente a cualquier hora del día. Cafés, tostadas y desayunos protagonizan las primeras horas de la mañana, mientras que conforme avanza la jornada aparecen las tapas, los platos de cocina y las opciones para compartir.
La barra mantiene parte de ese espíritu de escaparate que siempre caracterizó al local: lo que antiguamente servía para mostrar las joyas ahora permite presentar tartas, dulces y tapas.
El Café 1885 ofrece diferentes fórmulas de desayuno, desde tostadas de jamón con tomate y aceite hasta propuestas con salmón, aguacate, huevos o tortilla de patata. Una buena excusa para entrar por la mañana y, de paso, descubrir con más tranquilidad el interior del establecimiento.
Su oferta gastronómica se amplía a la hora de comer con una cocina que combina platos tradicionales con productos y referencias aragonesas.
Entre las propuestas que han formado parte de la identidad gastronómica del establecimiento destaca el pollo, elaborado con diferentes preparaciones, además de carnes, pescados, arroces y platos pensados para compartir.

La presencia de producto aragonés también ha sido una constante en su propuesta, con elaboraciones que incorporan ingredientes y sabores vinculados a la gastronomía de la tierra.
Pero Café 1885 no es únicamente un lugar para desayunar o comer. Conforme avanza la tarde, el establecimiento cambia de registro y su carácter de gran café histórico se presta especialmente bien a sentarse tranquilamente a tomar algo.
Los más golosos también tienen motivos para detenerse frente a la barra. Tartas, postres y dulces acompañan a una carta de cafés que convierte al establecimiento en una opción para hacer una pausa durante un paseo por el centro.

La coctelería constituye otro de los atractivos de Café 1885. Su estética clásica parece especialmente apropiada para recuperar algunos de los grandes cócteles tradicionales y disfrutarlos sin prisas en un escenario que acompaña.
Es uno de esos establecimientos en los que la experiencia no depende únicamente de aquello que llega a la mesa. El propio espacio forma parte de la visita.
Una recomendación: si hay sitio, merece la pena sentarse junto a las enormes cristaleras.
Desde allí se puede alternar la mirada entre el movimiento constante de la calle Alfonso I y un interior en el que el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Fuera, turistas y zaragozanos recorren una de las principales vías peatonales del centro; dentro, artesonados, columnas, espejos, maderas y elementos decorativos recuerdan que este lugar comenzó su historia hace más de 140 años.
Esa combinación entre patrimonio y hostelería es precisamente lo que diferencia al Café 1885 de una cafetería convencional. Se puede entrar para desayunar, tomar un café, comer, probar una tarta o disfrutar de un cóctel, pero también simplemente por la oportunidad de conocer uno de los establecimientos comerciales históricos mejor conservados de Zaragoza.
La antigua Joyería Aladrén forma parte del Patrimonio Cultural Aragonés y conserva buena parte de los elementos que hicieron de aquel comercio uno de los locales más llamativos de la Zaragoza de finales del siglo XIX.
Café 1885 es, en definitiva, una apuesta por recuperar una parte del patrimonio comercial de Zaragoza y darle una nueva vida a través de la gastronomía. Una filosofía que se extiende a otros establecimientos del Grupo 1885, como la cercana Brasserie 1885 y el Colmado 1885.
Dirección: Calle Alfonso I, 25, a pocos minutos a pie de la plaza del Pilar
Teléfono: 976 953 171
Sitio web: https://cafe1885.com/

