Una escultura de bronce con la imagen de Miguel Servet preside desde octubre de 2004 la entrada principal del hospital zaragozano que lleva su nombre.

La obra fue realizada por la escultora suiza Clotilde Roch en 1908 y representa a Miguel Servet sentado y abatido, con la ropa raída y los zapatos rotos, esperando en la prisión de Ginebra a ser conducido a la hoguera.

Es una pieza excepcional, porque la creó una de las pocas escultoras de finales del siglo XIX y principios del XX, y por su factura, cercana a Rodin, y con un estilo delicado y bellísimo.

Con motivo de la conmemoración del 450 aniversario de Miguel Servet en 2003, la consejería de Salud del Gobierno de Aragón decidió instalar en el Hospital Miguel Servet un bronce que rindiera homenaje continuo a este humanista aragonés universal, que murió en la hoguera por defender sus ideas hasta el final.

El historiador del arte Manuel García Guatas fue el responsable de buscar una escultura de Servet, y la encontró en Annemasse (Francia), una villa situada a 4 km de Ginebra, al otro lado de la frontera franco-suiza.

A través del Instituto Francés de Zaragoza indagó sobre el molde, pero le comunicaron que se había destruido. Sin embargo, tras una investigación sorprendente, descubrió que había otro molde. que se conservaba en los fondos del Museo de Zaragoza desde 1916 y que era propiedad del Ayuntamiento de Zaragoza.

Miguel Servet descubrió la circulación menor de la sangre

Miguel Servet descubrió la circulación menor de la sangre

Nacido a comienzos del siglo XVI en la localidad oscense de Villanueva de Sijena, Miguel Servet era un sabio renacentista en toda regla, con trabajos en ámbitos tan distintos como la astronomía, la filosofía, la historia, la teología, o por supuesto, la medicina. En el campo médico, Servet fue el descubridor de la circulación sanguínea pulmonar.

Además, fue uno de los primeros pensadores cristianos modernos que abogó por el derecho de cada individuo a seguir su propia conciencia y expresar sus propias convicciones, ya que pensaba que ninguna autoridad eclesiástica o religiosa tenía derecho a imponer creencias o a limitar la libertad de pensamiento. Unas ideas reformistas que lo llevaron a morir quemado en la hoguera en Ginebra en 1553.

Dirección: Hospital Miguel Servet (Avenida Isabel la Católica 1-3)