El primer templo de San Felipe data documentalmente del siglo XII, a raíz de la reconquista por parte de Alfonso I El Batallador en 1118. De estilo barroco, se comienza en 1686, tras derribar otra anterior románica, dedicada a los santos Felipe y Santiago, por quedar demasiado pequeña ante el aumento de la población de la parroquia.

En el impulso de las nuevas obras desempeña un papel fundamental la familia de los marqueses de Villaverde, que vivía en el palacio adyacente (en la actualidad el Museo Pablo Gargallo), la cual cede el solar para la ampliación de la iglesia y, ayuda con generosas aportaciones económicas.

La portada en piedra destaca por su estructura potente y con dos fuertes columnas salomónicas. En el centro, se encuentra en forma de retablo una portada ejecutada por Pedro Franco con las imágenes de San Felipe, Santiago y Santa Elena. En el centro, se encuentra el relieve eucarístico con el emblema de la Cofradía de la Minerva, custodiada por dos ángeles mancebos.

La fachada, construida en ladrillo, resulta una potente mole formada por dos cuerpos. En cuya primera altura se prolongan dos torres, aunque finalmente la de la izquierda quedó inconclusa.

Iglesia de San Felipe y Santiago el Menor

La construcción puede dividirse en tres etapas, que abarcan desde 1686 hasta 1752, cuando el arquitecto real Ventura Rodríguez aconseja eliminar parte de los elementos decorativos para adaptarla a los nuevos gustos clasicistas, a la vez que interviene con los mismos criterios en la Basílica del Pilar.

En el exterior la portada presenta una composición llena de plasticidad y movimiento, que parece anticiparnos el rico baldaquino interior. Sobre las columnas salomónicas se sitúan las figuras de los dos titulares, San Felipe y Santiago el Menor y entre ambos un relieve eucarístico con el emblema de la cofradía de la Minerva, que tiene su sede en esta iglesia; la imagen de Santa Elena corona en lo alto la portada.

La puerta de acceso a la iglesia, fue en su día de la Basílica del Pilar y fue trasladada posteriormente a su actual emplazamiento.

Su planta es la habitual en las iglesias zaragozanas de esta época, de tres naves, con un atrio sobre el que se asienta el coro.

En la nave central se ubican nueve apóstoles que la flanquean y nos conducen hacia el altar, configurando el espacio-camino característico de los templos barrocos, estas imágenes son obra del escultor zaragozano José Ramírez de Arellano. Se trata de San Pedro, San Pablo, San Juan, San Andrés, Santo Tomás, San Bartolomé, San Mateo, San Marcos y Santiago.

Destacar la existencia de la pila bautismal decorada con jaspes policromos.

Ramírez es también autor del magnifico púlpito dorado, del retablo mayor y de las puertas laterales con relieves eucarísticos.

El altar mayor, consistente en un baldaquino que sigue el modelo creado por Bernini para San Pedro el Vaticano, con unas magníficas columnas salomónicas de mármol negro de Calatorao, que alberga un bello retablo rococó y enmarcan las imágenes de San Felipe y Santiago el Menor. El conjunto se completa con las figuras de cinco Virtudes: Caridad, Esperanza, Fortaleza, Justicia y Fe. Resulta interesante un templete neoclásico en la nave derecha, en la que se encuentra un Ecce Homo de aire flamenco sentado y no atado a la columna.

Como decoración pictórica destaca la existencia de un lienzo realizado por el pintor José Luzán Martínez que se ubica en la parte posterior del altar mayor y que presenta un mal estado de conservación, debido a que durante el segundo Sitio de Zaragoza, se vio afectada por un obús francés.

La iglesia presenta una fachada exterior de aspecto sólido y robusto, mientras que en su interior nos encontramos con una decoración sencilla y unas hermosas líneas horizontales. Dentro podrás disfrutar de su frescura y tranquilidad, muy alejada de la ruidosa plaza.

DirecciónPlaza de San Felipe, 1