El puente de Nuestra Señora del Pilar dibuja el camino entre el barrio de Jesús y Tenerías, sobre el Ebro. Este armazón es popularmente conocido como el puente de Hierro, un calificativo que proviene de su esencia metálica.

En esa época la industria siderúrgica dio lugar a varias construcciones de acero, entre otros metales. Ese movimiento se dio en Zaragoza con el Mercado Central, por ejemplo, pero también fuera de España, como en París con la Torre Eiffel, culminada en enero de 1887.

Precisamente ese año se ideó por primera vez el puente del Pilar de la capital aragonesa. Se trató de la primera ocasión porque hubo tres intentos. El primer proyecto lo trazó el ingeniero Antonio Fernández Navarrete, según su informe histórico y artístico.

Vista del Pilar

Vista del Pilar desde El Puente de Hierro

En junio de 1885 el mismo ingeniero diseñó el segundo plan, ya que el primero se había descartado por su alto coste. A la tercera fue la vencida y en diciembre de 1886, junto con Vicente Gasca Melús, se firmaron los planos definitivos.

La construcción estuvo a cargo de La Maquinista Terrestre y Marítima, compañía de ingeniería española responsable de numerosos puentes en el país.

Tras numerosas modificaciones del proyecto inicial, el puente se inauguró el 18 de octubre 1895. Fue uno de los primeros puentes fijos que se construyeron en Zaragoza, habiendo habido anteriormente tan solo pontones y puentes de tablas que a menudo se veían destruidos por las avenidas del Ebro.

cruzando el puente de hierro de zaragoza

En 1991, el puente sufrió un profundo proceso de remodelación dirigido por Javier Manterola. La estructura metálica se reparó, se pintó y se limpió y se le añadieron dos tableros laterales en forma de arco para el paso de los vehículos. La plataforma central se reservó para uso peatonal.

En 2003, el director de cine Miguel Ángel Lamata grabó algunas escenas de su película “Una de zombies” en él, y también el grupo zaragozano Amaral grabó a principios 2009 el videoclip de su canción “Perdóname” en el puente.

Las fotos en este puente de hierro blanquiazul son imprescindibles, aunque al acabar no guardes la cámara, porque a un lado se dibuja la que seguramente es la imagen más capturada de Zaragoza: una panorámica que plasma el curso fluvial y la Basílica del Pilar como telón de fondo.