Con motivo de la celebración de su cincuenta aniversario, la Fundación San Valero organizó una serie de actos conmemorativos y decidió dejar constancia duradera de dicho cincuentenario ofreciendo al Ayuntamiento de Zaragoza la donación de una escultura monumental para ser instalada en un espacio público y al aire libre.

El director general de la fundación y el jefe del Servicio de Cultura del Ayuntamiento seleccionaron, entre otras varias, la propuesta de Alberto Gómez Ascaso, que se instaló en el muy concurrido andador central de la Gran Vía, quedando inaugurada un lluvioso 7 de mayo de 2003.

Completamente fiel a los planteamientos conceptuales, los intereses formales y los valores expresivos de la escultura de Alberto Gómez Ascaso, este juvenil trío de doncellas quizá núbiles, que no deja de recordarnos una suerte de visión actual de las tres gracias clásicas, nos sugiere sobre todo un canto a las emociones compartidas y una exultante celebración de la alegría de vivir, aquí representada con tres existencias en pleno desarrollo, rebosantes de belleza y vivacidad pero sometidas a la contingente fugacidad de la condición humana, condensada en las formas, los gestos, las miradas, los sentimientos y las premoniciones que identifican y distinguen la escultura de Gómez Ascaso y, lo que es más importante, su personal sentido del arte y de la vida.

Alberto Gómez Ascaso (Zaragoza, 1963) ha desarrollado a lo largo de las últimas décadas una intensa, fructífera y sobresaliente trayectoria en el ámbito de la escultura figurativa. Entre 1982 y 1985 fue alumno de la Escuela de Artes y de la Escuela de Magisterio de Zaragoza, donde se diplomó en la especialidad de Ciencias Humanas, pero su verdadera formación como escultor comienza en 1984 de forma prácticamente libre y autodidacta en el taller de escultura del Antiguo Matadero de Zaragoza, de cuyo grupo fundador formó parte. Tras conocer a Manuel Arcón y vivir una corta pero intensa estancia en Carrara (Italia), en 1987 Gómez Ascaso decide dedicarse profesionalmente a la escultura, oficio que ya nunca abandonaría.

En 1988 inicia sus estudios en Filosofía al tiempo que emprende la búsqueda de un lenguaje formal propio, sobre todo mediante figuras femeninas de proporcional alargadas, de notoria delgadez y otros rasgos característicos que pronto identifican su trabajo. La primera mitad de los años 90 coincide con un apasionado interés por la anatomía, tratando de definir su propio sistema de proporciones siempre en pos de la estilización de las figuras.

Poco a poco, Gómez Ascaso irá abandonando el uso de la piedra e incorporando materiales como el poliéster y la fibra de vidrio, avanzando aún más en su proceso de personal estilización. Sus figuras son cada vez más esbeltas, con una parquedad anatómica considerable y un notable ascetismo formal, que deriva en muchas ocasiones en un sereno hieratismo. La llegada del nuevo siglo coincide con una dulcificación del canon que se hace menos radical y menos extremo, enfatizando a partir de entonces el aspecto filosófico, ideológico e intangible de las obras.

Dirección: Andador central de la Gran Vía