De origen Mudéjar, siglo XIV, tuvo en la orilla izquierda del río Ebro su primitivo emplazamiento hasta 1813, año en el que se derrumbó como consecuencia de voladura de la última arcada del puente de Piedra por el ejército francés. Un peirón junto al puente de Piedra recuerda dónde se encontraba la antigua iglesia de Altabás.

A finales del siglo XIX se levantó una nueva iglesia junto al convento de terciarias franciscanas de Altabás, según proyecto del arquitecto José de Yarza en 1858.

La iglesia tiene planta basilical, de tres naves cortas, la central más elevada y cubierta con bóveda de cañón con lunetos y tiene coro elevado a los pies.

La fachada resulta muy sobria con las torres que flanquean el cuerpo central, rematado por un frontón triangular. La portada es adintelada y sobre ella, a eje, hay un hueco de medio punto. Dos cornisas marcan los cuerpos de la fachada. Sobre la segunda se elevan las torres, de planta cuadrada y con las aristas biseladas.

Altar mayor de la Iglesia de Nuestra Señora de Altabás

Altar mayor de la iglesia de Altabás

El Altar mayor, construido en 1895, en estilo neoclásico, cuenta con tres imágenes de tamaño natural de estilo realista, presidido por La Virgen de la Candelaria, y entre sus imágenes destacan las de San Roque, procedente de la parroquia antigua; San Gregorio Magno, patrón del Arrabal, procede también de la antigua parroquia; y Santo Cristo de Fuenterrabía.

El Santo Cristo de Fuenterrabía en la Iglesia de Altabás

El Santo Cristo de Fuenterrabía

Este Cristo tiene una historia poco conocida por los zaragozanos. En 1638 el Príncipe de Condé invadió Guipúzcoa y puso sitio a Fuenterrabía. Acudieron tropas aragonesas al mando del capitán Pablo Francés de Urritigoiti, Barón de Montevilla. Entre los despojos de la batalla se encontró la imagen de un Santo Cristo horriblemente mutilado lo pidió y se le concedió. Mando restaurarlo y lo llevaron a una suntuosa capilla erigida en el convento de San Lázaro.

Tras la desamortización, pasó a la iglesia de Altabás. Y aquí está, aureolado por muchos milagros antiguos, quizá hoy demasiados desconocidos.

Naves de la Iglesia de Nuestra Señora de Altabás

A primera primera hora de la mañana (cuando el templo está desierto), la luz entra a través de los coloridos vitrales y de las angostas ventanas, iluminando las gigantescas naves en penumbra y creando impresionantes juegos de luces y sombras, un efecto que le da al lugar una cualidad etérea y sobrenatural.

Dirección: Calle de Sobrarbe, 12