Los orígenes del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia se remontan a 1425, cuando las necesidades del pueblo zaragozano llevaron a éste a pedir una institución que prestase servicios para mejorar las condiciones de salubridad en Aragón. Como sucedía en Valencia por esas fechas, se creó el hospital con la venia del Rey Alfonso V, en el solar que hoy ocupa el Banco de España, entre el Coso y la Plaza de España.

Al finalizar el siglo XVII, el Hospital Real y General era mundialmente conocido por especializarse en psiquiatría.

Tras el primer Sitio de Zaragoza quedó destruido el gran edificio del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia y la Madre Rafols se ocupó de colocar a los 6.000 enfermos en diversos edificios oficiales y privados. Rescató objetos religiosos y artísticos. Consiguió ayudas, solicitándolas insistentemente no sólo al general Palafox sino incluso al sitiador.

Cuando se retiraron los franceses el 14 de agosto de 1808 el Hospital estaba en ruinas.

La sede del instituto migró al Hospital de Convalecientes, edificio que sigue ocupando hoy con reformas y ampliaciones. El Hospital de Convalecientes había sido fundado por el arzobispo don Diego de Castrillo en 1683, para atender a los enfermos en periodo de recuperación que habían estado anteriormente en el de Nuestra Señora de Gracia.

Entre los hechos reseñables, destaca la presencia del posteriormente Premio Nobel de Medicina, Santiago Ramón y Cajal, quien ejerció como practicante, en calidad de ayudante interino de anatomía en esta institución, en 1876.

El Hospital que hoy podemos contemplar es el resultado de la remodelación y ampliación llevada a cabo en 1864 por el arquitecto Juan Antonio Atienza.

Del antiguo Hospital de Convalecientes solo se conserva una pequeña iglesia, en parte desconocida para muchos zaragozanos y visitantes, dedicada a la Virgen de Gracia.

La iglesia está construida en ladrillo y presenta una sencilla portada compuesta por dos pisos flanqueados por sencillas pilastras, disponiéndose en el centro del segundo el escudo del fundador, sobre el que se abre una hornacina avenerada, con una imagen de la Virgen y el Niño y unos pobres enfermos a sus pies, de discreta calidad. Un frontón curvo partido corona la portada y uno triangular remata la fachada.

Al interior, la iglesia tiene planta de cruz griega, siendo de mayor longitud el brazo correspondiente al ingreso. Los tres brazos restantes son cortos y se cubren con bóveda de lunetos, mientras que el espacio central octogonal se cubre con bóveda elíptica, sin tambor; en su superficie o intradós se abren una serie de vanos ciegos y abiertos distribuidos entre nervios radiales.

El conjunto es muy interesante, al exterior con una definida tipología barroca y al interior, de correctas proporciones y ajustada decoración.

De la decoración del templo destaca su retablo de madera dorada, en el que se representa a la Virgen como “salud de los enfermos” (salus infirmorum), realizado por el pintor aragonés José Luzán, maestro de Franciso Bayeu y de Francisco de Goya.

Dirección: Calle Ramón y Cajal, 60