El Parque Bruil es, con 4 hectáreas de superficie, uno de los parques de mayor extensión de Zaragoza. Está situado junto al Centro de Historias, en torno a la ribera del río Huerva.

Es un espacio verde que ofrece una de las alternativas más completas de ocio y deporte en el centro de Zaragoza para todos los públicos y edades.

Entre bloques de viviendas se encuentra este espacio amplio, impoluto y etéreo, con una buena plaza con pistas, escaleras, bancos y barandillas por los alrededores.

Debe su nombre a Juan Bruil y Olliarburu, destacado banquero y político zaragozano que llegó a ser ministro de hacienda durante el bienio progresista (1854-1856). Fue propietario de la finca en la que se asienta el parque actual durante parte del siglo XIX.

Juan Bruil recurrió a jardineros franceses para que diseñaran un entorno natural extraordinario. Se plantaron diversas especies vegetales desconocidas en la Zaragoza de esa época, como las cañas de bambú de la India, los aligustres de Japón, los azahares de China, los palmitos o las secuoyas.

En los días festivos, los jardines podían ser visitados por los vecinos de Zaragoza. Según crónicas de la época, la definían como “uno de los pocos y más deliciosos lugares de esparcimiento de la ciudad” y que “constituía uno de los rincones más atractivos”.  En las fotografías antiguas que se conservan se pueden adivinar puertas de forja, espesas alamedas, estanques y laberintos vegetales.

También Bruil incorporó fauna a su finca. Desde corzos y faisanes, hasta cisnes para los estanques e incluso monos. Por supuesto se levantó una lujosa residencia propia de un hombre adinerado. Pero además preparó un auditorio para conciertos, encargó una original montaña rusa e incluso programaba espectáculos teatrales y circenses.

No obstante, todas esas maravillas se han perdido, entre otras cosas, porque la finca desde el último cuarto del siglo XIX fue cambiando de propietarios de una forma casi continua.

En 1959 pasó a ser propiedad pública, cuando el alcalde Gómez Laguna culminó la expropiación de los terrenos y se comenzó a trabajar en su transformación en parque. Y con esa función se inauguró en 1965.

Hoy el Parque Bruil es una de las zonas verdes más agradables de visitar en el centro zaragozano.

El parque está lleno de caminos, de laberintos de arbustos. También esconde algún que otro lugar secreto como un banco en la parte oeste desde el que se ven las mejores puestas de sol.

Es bastante tranquilo y familiar. Es frecuente ver a mayores paseando, niños jugando o jóvenes haciendo deporte.

Esparcidos por el Parque Bruil se encuentran los restos del antiguo molino aceitero de Juan Martin de Goicoechea. Esta almazara fue construida en el año 1785 y contaba con seis prensas de las de viga y libra.

En la actualidad quedan los restos de un husillo de metal, dos estructuras de piedra paralelas con la lavija de madera que tenían como función servir de apoyo a la viga desaparecida y otras dos estructuras de piedra, llamadas vírgenes, donde se colocaban los capachos y la regafa para proceder al prensado.

Los restos del antiguo molino Goicoechea en el Parque Bruil

Los restos del antiguo molino Goicoechea en el Parque Bruil

Junto al Parque Bruil está ubicado el Centro de Historias, un espacio para la creación, la investigación, la divulgación y el debate de la cultura contemporánea, donde las artes visuales, la literatura, la filosofía, el cine, la música, las artes escénicas y las actividades transmedia se interconectan en un programa interdisciplinario.

Desde el Parque Bruil podemos ir caminando hasta la desembocadura del Huerva en el Ebro. Es un paseo muy agradable, lleno de paisajes, puentes, y naturaleza.

Dirección: Calle Asalto s/n

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