Una escultura en la Plaza Ariño (visible desde la Calle Don Jaime) recuerda a Eduardo Jimeno Correas, autor de la primera película rodada en España. Fue en Zaragoza, a pocos metros de donde se encuentra el monumento, donde se filmó el 11 de octubre de 1896 “Salida de la misa de doce del Pilar“.

La historia del cine comienza el 28 de diciembre de 1895, fecha en la que los hermanos Lumière proyectaron públicamente en Lyon “Salida de obreros de una fábrica francesa” y otras “escenas naturales”, simples filmaciones de eventos reales que asombraban a los espectadores de la época.

Eduardo Jimeno Correas y su padre Eduardo Jimeno Peromarta viajaron en junio de 1896 a la fábrica de los Lumière en Lyon y adquirieron un cinematógrafo, con el objetivo de exhibir películas en Zaragoza.

En septiembre de 1896, abrieron en el número 27 del Paseo Independencia (entre las calles Sanclemente y García Gil) el primer establecimiento dedicado a la proyección de cine en la ciudad.

Sin embargo, en octubre con las Fiestas del Pilar, apareció un duro competidor, la barraca cinematográfica de Estanislao Bravo.

Vista de la escultura de Eduardo Jimeno Correas y de la Plaza de Ariño desde la Calle Don Jaime

Vista de la escultura de Eduardo Jimeno Correas y de la Plaza de Ariño desde la Calle Don Jaime

Los Jimeno aprovecharon que el cinematógrafo Lumière servía indistintamente para proyectar y para grabar, para captar unas imágenes de Zaragoza como reclamo publicitario. Su primer intento fue rodar unas maniobras militares del regimiento de pontoneros en el río Ebro, pero la mala luminosidad provocó que la película se velara.

El día 11 de octubre, desde un balcón situado próximo a la Basílica del Pilar, grabaron sin ningún preparativo la salida de los fieles de misa de doce. Aunque su duración no superaba los dos minutos y medio, la cinta utilizada alcanzó los 17 metros de longitud.

Tanto éxito tuvo la película, que según los periódicos de la época, las proyecciones en su sala exhibición en el Paseo de la Independencia comenzaban a las ocho de la mañana y terminaban a las cuatro de la madrugada.

En una entrevista realizada en 1945, el propio autor relataba la experiencia de esta manera: “Una mañana me eché al hombro la máquina tomavistas, situándome a la puerta del templo del Pilar. Excuso decir a usted la curiosidad de la gente, que jamás había concebido cosa igual. Pero aún fue mayor su sorpresa cuando, a los pocos días, después de revelar el celuloide en barreños, anunciábamos con grandes letras el acontecimiento: ‘Hoy, catorce películas extranjeras y una nacional. Todo el que estuvo en misa en el Pilar podrá verse en la pantalla.’ El éxito fue asombroso”.

Monumento en la Plaza Ariño al zaragozano Eduardo Jimeno Correas, pionero del cine español