Esta plaza surge al amparo del palacio de los Condes de Ariño y se asienta sobre un terreno formado por materiales de relleno. Es por esto por lo que aparecieron grietas en el pavimento y en los escalones que, desde la calle Don Jaime, conducían a la misma.

Para solucionar estos problemas, se convocó un concurso de ideas restringido del que resultó ganador el equipo formado por Ángel Hernández Parejo, Pilar López Ruiz e Isabela de Rentería Cano, los cuales redactaron en febrero de 1990, el proyecto de remodelación de la plaza de Ariño y calles San Félix y San Voto.

La superficie de la plaza se compone horizontalmente formando un desnivel entre ésta y la calle de Don Jaime de un metro, esta diferencia se salva en los extremos de la misma por medio de rampas y escaleras, en el centro se colocó una fuente que une ambos espacios a través de un plano inclinado de piedra pulida de Calatorao. Junto al muro que forma la rampa de comunicación, se levantan a un lado tres luminarias a modo de estandarte y al otro un banco corrido hacia la plaza. En el lado opuesto se plantaron dos hileras de árboles y se colocaron el resto de los bancos.

Una escultura en la Plaza Ariño recuerda a Eduardo Jimeno Correas, autor de la primera película rodada en España. Fue en Zaragoza, a pocos metros de donde se encuentra el monumento, donde se filmó el 11 de octubre de 1896 “Salida de la misa de doce del Pilar“.

Es uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de Zaragoza, donde el Barroco convive en armonía y complementariedad al lado del Modernismo inspirado en Antoni Gaudí.

Es probablemente el rincón más bello de Zaragoza, y no solo para turistas: los niños de una escuela juegan al aire libre o se sientan a leer bajo los inmensos portales ajenos al trasiego de los visitantes.

De unos años a esta parte, ha pasado de ser la eterna olvidada a convertirse en uno de los lugares más cool y creativos de la capital, gracias a su variedad de bares y tiendas y a los ocasionales eventos.

La Plaza de Ariño se mantiene como un cobijo para los vecinos y visitantes que buscan tomarse una cerveza o picar algo tranquilamente. A pesar de este maná de sillas y mesas, por la noche no es fácil encontrar sitio para sentarse, pero cuando se consigue, no hay quien te desenganche el culo de tu trocito de paraíso urbano.