Visitar Zaragoza  y no pasear por el Paseo de la Independencia, sería como visitar París y no ver la Torre Eiffel.

Con más de 200 años de historia y multitud de reformas, el Paseo de la Independencia es una de las principales vías de comunicación de Zaragoza y el centro neurálgico de la vida comercial y social de la ciudad. Comienza en la Plaza de España y termina en la Plaza de Paraíso, pasando por la Plaza de Aragón.

Es uno de esos sitios donde parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

La plaza está repleta de casas que en su momento sirvieron como residencia a las principales familias de la burguesía zaragozana.

Las fachadas y soportales arcados que la circundan son, gracias al poderío de estas familias, un gran muestrario de los estilos constructivos de cada época.

Es uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de Zaragoza, donde el Neoclasicismo convive en armonía y complementariedad al lado del Modernismo inspirado en Antoni Gaudí.

A finales del siglo XIX y principios del XX el Paseo de la Independencia vio la adición de edificios de viviendas y comerciales más altos, que desafortunadamente no mantuvieron la coherencia arquitectónica original.

El Paseo de la Independencia fue diseñado siguiendo el modelo de la Rue de Rivoli de París

El Paseo de la Independencia fue diseñado siguiendo el modelo de la Rue de Rivoli de París

Caminando por el Paseo de la Independencia, uno se encuentra de repente inmerso en lo que podría equivaler a la típica calle comercial de cualquier pequeña ciudad, con la particularidad de que la más humilde de las tiendas puede ser una espectacular obra arquitectónica con detalles modernistas o preciosas tipografías antiguas.

Cuando nuestros padres nos dejaron transitar por el Paseo Independencia solos o acompañados por un grupo de amigos eso significaba que ya éramos grandes. Qué orgullo, por Independencia solos, la avenida de los cines, al menos, de aquellos que han sobrevivido.

Antes de la Guerra de la Independencia este lugar estaba lleno de viviendas, conventos e iglesias. Los Sitios de 1808 y 1809 hicieron estragos en la ciudad, y la mayor parte de los edificios mencionados terminaron destruidos por la artillería francesa.

Con la permanencia de los franceses en la ciudad en 1811 se planeó la construcción de una gran vía triunfal aprovechando el espacio creado. El arquitecto municipal Joaquín Asensio, guiado por las ideas ilustradas y siguiendo el modelo de la Rue de Rivoli de París, diseñó el denominado Paseo Imperial.

Con tan solo algunos bancos y árboles levantados, las obras se paralizaron en el año 1813, al abandonar los franceses la ciudad.

El Paseo Independencia visto desde el antiguo edificio de almacenes SEPU, en la actualidad en manos de otra firma comercial, C&A

El Paseo Independencia visto desde el antiguo edificio de almacenes SEPU (acrónimo de «Sociedad Española de Precios Únicos»), en la actualidad en manos de otra firma comercial, C&A

No será en 1833, bajo el nombre de Salón de Santa Engracia cuando los arquitectos Martin de Garay y posteriormente Tiburcio del Caso, retomaron los trabajos.

A finales del siglo XIX el paseo ya era el centro de buena parte de la actividad de la ciudad, lleno de cafés, quioscos de prensa y multitud de personas paseando por el bulevar central o por las arcadas.

En el año 1863 se cambió el nombre por el de Paseo de la Independencia. En este momento el paseo llegaba hasta la llamada Puerta de Santa Engracia, situada a la altura del edificio de Capitanía. Esta puerta fue derribada en el año 1904.

En ese periodo Zaragoza era una ciudad moderna, con barrios muy bien delimitados y un centro histórico y unos ensanches donde la nueva burguesía construía sus viviendas. Un periodo de entusiasmo que se reflejó en la imagen de la capital.

En la Plaza de San Francisco, actualmente la Plaza de España, se levantó la primera fuente urbana monumental de Zaragoza. La Fuente de la Princesa, más conocida como Fuente de Neptuno, cumplió con su función de abastecimiento de agua hasta 1902, cuando fue desmontada y sustituida por el Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria. La fuente fue trasladada a la Arboleda de Macanaz primero, para posteriormente, ya en 1946, colocarse en el Parque Grande.

Joaquín Pallarés: El dios de las aguas en Zaragoza, óleo/lienzo, 1890

La Fuente de Neptuno en el lienzo de Joaquín Pallarés: “El dios de las aguas en Zaragoza”, 1890, Museu Nacional d’Art de Catalunya

El Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria visto desde el bulevar central del Paseo Independencia

El Monumento a los Mártires de la Religión y de la Patria visto desde el bulevar central del Paseo Independencia

En Independencia nº 19, se situaba la Compañía de Seguros “La Equitativa”, la cual mandó construir este edificio para establecer en él su sede, a arquitecto Manuel Cabanyes en 1950.

Edificios del Paseo de la Independencia, entre los que destaca el de la Compañía de Seguros “La Equitativa”

Desde entonces el Paseo de la Independencia fue objeto de diferentes propuestas de prolongación hasta el Pilar y hasta el Ebro, que comenzaron en 1905 y cuya polémica no se zanjó hasta 1968 con la aprobación definitiva del Plan General de Ordenación Urbana, donde finalmente se desestimó la idea de la prolongación.

El boulevard parisino se mantuvo hasta mediados del siglo XX y aunque su estructura se sigue manteniendo en la actualidad, muchos de los edificios que se construyeron originalmente en este paseo fueron modificados e incluso derribados.

En el año 2002 sufrió una importante reforma que amplió las aceras, y convirtió el paseo en un espacio más transitable y agradable para los ciudadanos.

En esta reforma estaba planeada la creación de un aparcamiento subterráneo, que no llegó a construirse, ya que en las excavaciones se encontraron los restos de Sinhaya, una barriada de las afueras de la ciudad musulmana de Saraqusta, datable entre los siglos X y XII de nuestra era. Para favorecer la protección de las ruinas arqueológicas, se decidió cubrir de nuevo el paseo.

Pocos años más tarde, en julio de 2011, la parte central del paseo fue de nuevo levantada con motivo de la construcción de la primera línea del Tranvía de Zaragoza.

Uno no sabe a ciencia cierta si es un monopatín, una bicicleta, un taxi o el autobús quien se le encima alevosamente a los peatones que intentan cruzar, o es la gente imprudente y provocadora la que se lanza sobre los vehículos con toda la prisa del mundo, como si la gestión por la que se sienten apremiados realmente no pudiera esperar más.

arcadas del paseo independencia

Arcadas del Paseo de la Independencia

A veces los negocios le roban lugar y es cuando aparecen mesas y sillas para detenerse a comer o tomar algo.

A veces uno no se dirige precisamente al Paseo Independencia, a veces uno va para otro lado, a otra plaza, a otra gestión, a veces por ahí se hace más lejos pero igual uno toma el Paseo Independencia, como si fuera un recorrido obligatorio o una suerte de apremio por llenarse de la vida que recorre este paseo de un extremo a otro.

Independencia es un bulevar, repleto de comercios que van desde mercados, restaurantes y bares de exuberante ambiente musical hasta ferias de artesanos, farmacias, tiendas de suvenires, librerías, bibliotecas, centros culturales y museos.

Es un lugar muy agradable y alegre en el que sentarse a media tarde a contemplar tranquilamente el bullicio de la mayor arteria comercial y turística de la capital.

Eso (y muchísimo más) es Independencia: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.

Siempre está lleno de gente de todas las edades, por lo que es un gran lugar para experimentar la atmósfera incomparable del centro de la ciudad.

En la actualidad, el Paseo Independencia es uno de los lugares más emblemáticos y animados de Zaragoza y cuenta con numerosos bares, restaurantes y cafeterías.

Todo el conjunto arquitectónico y humano es impresionante, y el paseo por la principal arteria comercial y turística de Zaragoza se hace totalmente ineludible, tanto para los viajeros que llegan por primera vez a la capital maña como para aquellos que la conocen como la palma de su mano.