Se calcula que al menos 15.000 defensores de los sitios de Zaragoza están enterrados en la arboleda de Macanaz.

Durante el segundo sitio de Zaragoza, en 1809, el tifus y los combates contra los franceses acababan con la vida de cientos de zaragozanos cada día. Los cadáveres se apilaban en las calles sin enterrar y tras la capitulación de la ciudad, el 21 de febrero de 1809, los franceses mandaron trasladar los cuerpos en carros y enterrarlos, aprovechando el agujero de una antigua salitrería en Macanaz.

Además de utilizar la arboleda de fosa improvisada, otros 8.000 cuerpos están enterrados en la Plaza Santo Domingo, bajo el Teatro del Mercado.

En 1954 se estaban realizando en el entorno de la arboleda de Macanaz trabajos de acondicionamiento a los accesos del Puente de Piedra, llevados a cabo por mineros asturianos especializados en obras subterráneas.

Todo quedó paralizado cuando encontraron bajo la frondosa arboleda un gigantesco camposanto olvidado durante más de 150 años, tan grande, que recordaba a las catacumbas romanas.

El propio alcalde Gomez Laguna acudió al lugar y mandó volver a cubrir los restos. A día de hoy, ninguna placa o monumento recuerda a estos miles de zaragozanos.