La animada Avenida de Madrid se extiende por más de 2,1 kilómetros, desde el Paseo María Agustín hasta la Vía Hispanidad. Subirla o bajarla, recorrerla en toda su extensión nos hace viajar entre estilos arquitectónicos, escultóricos y ambientales de alto valor cultural y patrimonial.

A la Avenida de Madrid se va a resolver cualquier cosa, a comprar en alguna tienda, o una librería -de nuevo o de viejo-, a tomar un café o poner crédito al teléfono, a sacar dinero, a hacerle un corte de cabello a la mascota.

Es una de las zonas más comerciales de la ciudad y siempre está llena de gente de todas las edades. Siempre concurrida, siempre agitada, con gente que pasa sin apreciarla.

Nota el bullicio, el claxon de los autos en estrepitosa sinfonía… Después dedica un momento a contemplar el entorno. No a la gente, no a los autos que pasan constantemente, no a los productos en la venta. Mira hacia los costados y mira hacia arriba. Descubre en medio del polvo de la vida constante, la diversidad de estilos arquitectónicos, la coexistencia de construcciones erguidas.

Evidentemente, en diferentes instantes, cada una de las construcciones ha sido testigo de fragmentos diversos de la historia de la ciudad, con disímiles funciones.

En sus orígenes era una carretera nacional que partía desde Zaragoza hacia la Madrid, con un tramo principal que estuvo atravesado durante décadas por la vía férrea de la línea Madrid-Zaragoza-Alicante, y un entorno plagado de actividad industrial, con la presencia de fábricas como Averly, Carde y Escoriaza, Chocolates Orús, o la de Tudor, entre otras.

La avenida de Madrid surgió a principios del siglo XIX en una zona semirural que fue cobrando carácter urbano a partir del asentamiento de las primeras parcelas.

En 1930, alrededor de este eje ya se contaban 10.000 habitantes que poblaban un barrio eminentemente obrero, fruto de la emigración desde el medio rural a este distrito, que aumentaría en los 50 y 60. Unas décadas antes, varios establecimientos iniciaban allí su actividad.

Entre los edificios más antiguos de la avenida de Madrid destaca el conjunto de casas proyectado en 1888 por Pablo Lacasa y Hermenegildo Gorría. Sus bajos albergaron el desaparecido Café Madrid.

Al lado, en el número 5, continúa Casa Emilio, un restaurante que abrió sus puertas en 1939. Al estar situado cerca de las oficinas de portes muchos de los clientes eran transportistas. Por las noches solían acudir luchadores antifranquistas, políticos y artistas. El restaurante estuvo vinculado al nacimiento de la revista Andalán, la presentación del recién legalizado Partido Socialista de Aragón y de otras formaciones políticas. Cantautores como José Antonio Labordeta, Joaquín Carbonell o La Bullonera presentaron varios de sus discos en el restaurante

Otro establecimiento decano en esta vía es Casa Cardiel, que sigue en activo en la actual plaza de Huesca desde 1930.

Al comienzo de la avenida se construyó en 1911 un paso a nivel que, pese a las sucesivas ampliaciones y modificaciones, no llegó a solucionar de manera definitiva el problema que planteaba la cicatriz de la vía férrea hasta que en 2002 fue soterrada.

En la década de los 90 se construyó en este tramo el conocido como ‘puente azul’, una estructura de acceso peatonal que sería eliminada doce años después, dando paso a la actual plaza de la Ciudadanía.

La Avenida Madrid es esa otra parte de Zaragoza de la cual no hablan generalmente las guías turísticas, pero igual llena de vida y gente.