A la sombra de la Basílica del Pilar, una iglesia sorprende nuestra mirada y deshace cualquier apariencia de monotonía: es San Juan de los Panetes. Aunque no sea el templo más grande ni el más conocido del Casco Histórico de Zaragoza, su historia y su torre inclinada la hacen única. Junto a ella pasan distraídos los habitantes de esa parte de la ciudad, tan acostumbrados a sus bellezas ocultas que apenas reparan en ellas.
En el año 1118 Alfonso I el Batallador reconquistó la ciudad de Zaragoza y el palacio de La Zuda pasó a ser la residencia de los reyes aragoneses.
Años más tarde, en 1180, el rey Alfonso II de Aragón, aconsejado por su esposa Doña Sancha de Castilla, muy amante de la Orden de San Juan de Jerusalén o de los Hospitalarios, les concedió el solar donde estaba situado el antiguo palacio de los reyes Taifas, llamado de La Zuda, al lado de la muralla romana. Aprovechando parte de las piedras de esta muralla, la Orden levantó un primer templo románico dedicado a San Juan, que posiblemente fue la primera iglesia cristiana consagrada en Zaragoza. De esa iglesia apenas queda el recuerdo, salvo un antiguo crismón en la parte alta de la portada.

El campanario, construido en el siglo XVI, es sin duda el rasgo más llamativo de San Juan de los Panetes. Su base octogonal y su chapitel bulboso la hacen fácilmente reconocible, y su inclinación ha sido motivo de preocupación a lo largo de los siglos. A comienzos de los años 30 se proyectó su derribo, pero gracias al empeño de los arquitectos Teodoro Ríos e Iñíguez Almech, se logró conservarla y en 1933 se declaró Monumento Nacional.

La iglesia que vemos hoy se concluyó en 1725, sustituyendo al edificio primitivo. Al exterior, presenta una sobria fachada de ladrillo rematada en un frontón triangular. La portada barroca de piedra está dividida en dos cuerpos: el inferior, un arco de medio punto entre pilastras; y el superior, una hornacina con la imagen de San Juan Bautista.

En el interior, la planta basilical con tres naves y cúpula de lunetos sin tambor en el crucero ofrece una ornamentación en estuco con motivos vegetales, típica del XVIII. Sobre el suelo se hallan varias cruces de Malta, recordando el origen de la iglesia como templo de la Orden de San Juan de Jerusalén. En la parte superior del arco de entrada se conserva el antiguo crismón románico, uno de los dos únicos de Zaragoza junto al de la Basílica del Pilar.

Todavía queda un hecho reseñable: en 1987, un atentado cercano a la iglesia afectó a un autobús de militares, causando víctimas y daños en la zona. Afortunadamente, se realizaron trabajos de consolidación que preservaron la estructura de la iglesia, asegurando que continuara siendo un referente histórico de la ciudad.
Hoy, la iglesia se muestra con una imagen emblemática: desde el Mercado Central y a lo largo de las Murallas Romanas, se aprecia su sobria fachada de ladrillo y la potente presencia del campanario, visible desde múltiples puntos de la ciudad, incluso desde la Plaza del Pilar o la orilla del Ebro. La torre ha resistido el paso de los siglos, las obras y los riesgos de derribo, consolidándose como un verdadero icono de San Juan de los Panetes.
El nombre de la iglesia también guarda historia: “San Juan” hace referencia a la Orden que fundó el templo, mientras que “Panetes” recuerda la labor de caridad que allí se realizaba, entregando pequeños panes a los necesitados.

Dirección: Calle Salduba 3, junto a las Murallas Romanas y al Torreón de la Zuda

