El torreón de La Zuda de Zaragoza
Torreón de la Zuda

Torreón de la Zuda

El Torreón de la Zuda es uno de esos lugares de Zaragoza ante los que resulta fácil pasar sin imaginar toda la historia que esconden sus muros. Situado junto a las murallas romanas y a pocos pasos de la plaza del Pilar, es el principal vestigio que permanece en pie de la Zuda, Azuda o Sudda, el antiguo palacio de los gobernadores musulmanes y posteriormente de los reyes de la taifa de Zaragoza.

Su historia resume buena parte de la propia evolución de la ciudad. Ha estado relacionado con la Saraqusta musulmana, los reyes de Aragón, la Orden de San Juan de Jerusalén, un hospital, una cárcel real y diferentes comunidades religiosas. Actualmente alberga una oficina de turismo y permite subir hasta un mirador desde el que se contempla una de las panorámicas más interesantes del centro histórico de Zaragoza.

Entre los años 714 y 1118, Zaragoza fue una ciudad musulmana conocida como Saraqusta. Su situación estratégica en el valle del Ebro y sus importantes defensas hicieron de ella una de las grandes ciudades de la frontera norte de al-Ándalus.

La ciudad llegó incluso a convertirse en la capital de su propio reino, la poderosa taifa de Saraqusta, una etapa de gran prosperidad política, económica y cultural.

Vista del Torreon de la Zuda desde la Avenida Cesar Augusto
Vista del Torreón de la Zuda desde la Avenida César Augusto

Junto a la muralla de la ciudad se construyó un alcázar fortificado destinado a residencia del gobernador. Posteriormente también fue utilizado por los monarcas de la taifa, especialmente como residencia de invierno.

El Torreón de la Zuda estaba relacionado con la torre principal de aquel complejo defensivo y palaciego y se levantaba aprovechando uno de los torreones de la antigua muralla romana de Caesaraugusta.

Esta superposición convierte este rincón en un lugar especialmente interesante: en apenas unos metros podemos encontrar restos de la Zaragoza romana, musulmana, medieval y moderna.

Vista de las Murallas Romanas desde el mirador del Torreón de la Zuda

La historia del edificio cambió por completo el 18 de diciembre de 1118, cuando las tropas de Alfonso I el Batallador conquistaron Zaragoza.

La ocupación de la Zuda tuvo un importante valor simbólico, ya que suponía hacerse con uno de los principales centros de poder de la ciudad musulmana.

Tras la conquista cristiana, el antiguo alcázar no perdió su importancia. Al contrario, pasó a convertirse en palacio real y residencia de los reyes de Aragón en Zaragoza.

Mantuvo esta función hasta el siglo XIII, cuando el Palacio de la Aljafería fue adquiriendo un mayor protagonismo como residencia de la monarquía aragonesa.

Escalera del Torreón de la Zuda

En 1180, el rey Alfonso II de Aragón donó buena parte del antiguo alcázar a la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, aunque la Corona mantuvo bajo su control la zona sur del edificio, situada junto a la antigua Puerta de Toledo.

A partir de entonces, el complejo comenzó a ser conocido como la “Zuda del Hospital”. Los caballeros hospitalarios utilizaron sus dependencias para atender y ofrecer refugio a pobres y enfermos.

La orden construyó también una iglesia dedicada a San Juan Bautista. Aquel templo medieval no se conserva, aunque su historia está directamente relacionada con la actual iglesia de San Juan de los Panetes.

Ruinas de la antigua Sudda musulmana, la residencia fortificada de los gobernadores musulmanes de la ciudad, situadas entre el Torreón de la Zuda y la Iglesia de San Juan de los Panetes
Ruinas de la antigua Sudda musulmana, la residencia fortificada de los gobernadores musulmanes de la ciudad, situadas entre el Torreón de la Zuda y la Iglesia de San Juan de los Panetes

Uno de los episodios más curiosos de la historia del edificio ocurrió en el siglo XIII, cuando la Zuda también llegó a utilizarse como cárcel real.

En 1224, Jaime I el Conquistador y su esposa Leonor estuvieron retenidos en la Zuda como consecuencia de uno de los enfrentamientos entre el monarca y la nobleza aragonesa.

El episodio resulta especialmente llamativo teniendo en cuenta la posterior importancia histórica de Jaime I, uno de los monarcas fundamentales de la Corona de Aragón y protagonista de las conquistas de Mallorca y Valencia.

El antiguo palacio de los gobernadores musulmanes y residencia de los reyes aragoneses se convirtió así, durante un breve periodo, en el lugar de reclusión del propio monarca.

A partir del siglo XIV, el conjunto, que hasta entonces había ejercido como sede principal de la orden en la zona de Zaragoza, pasó a convertirse en residencia del Castellán de Amposta, máxima autoridad de la Orden de San Juan de Jerusalén en Aragón.

Durante los siglos posteriores el edificio sufrió numerosas transformaciones y ampliaciones, muchas de ellas insuficientemente documentadas, que fueron modificando progresivamente el aspecto del antiguo alcázar.

La actual iglesia de San Juan de los Panetes fue construida por iniciativa del Castellán Vicente de Oña y quedó terminada en 1725, sustituyendo a la antigua iglesia medieval de la orden.

Su característica torre, ligeramente inclinada y uno de los elementos más reconocibles de esta zona de Zaragoza, data del siglo XVI.

El siglo XIX marcó el comienzo de una nueva etapa. En 1835, el edificio fue abandonado como consecuencia de la expropiación de bienes eclesiásticos impulsada durante la desamortización de Mendizábal.

Para entonces, el antiguo palacio había sufrido innumerables modificaciones y presentaba probablemente una compleja mezcla de construcciones, estilos y añadidos realizados durante siglos.

Vista del Torreón de la Zuda desde la Avenida César Augusto

En 1857, el príncipe don Francisco de Paula, Castellán de Amposta, permitió que parte del antiguo palacio fuese utilizado por las Religiosas Adoratrices.

La congregación había sido fundada un año antes por la Madre Sacramento, María Micaela Desmaisières López de Dicastillo, vizcondesa de Jorbalán, y centraba buena parte de su actividad en la protección y asistencia de mujeres en situaciones de especial vulnerabilidad.

Las religiosas permanecieron en la Zuda hasta 1910, periodo durante el cual también se realizaron intervenciones en el torreón.

El conjunto entró posteriormente en una etapa de progresivo abandono. En 1931 comenzó el derribo de unas construcciones que habían perdido hacía años buena parte de su antiguo esplendor.

La demolición culminó en 1937, coincidiendo con las transformaciones urbanísticas y la ampliación de la entonces avenida de Nuestra Señora del Pilar.

Del enorme conjunto histórico quedaron finalmente algunos de los elementos que todavía podemos contemplar: las murallas romanas, el Torreón de la Zuda y la iglesia de San Juan de los Panetes.

Vista de San Juan de los Panetes y del Pilar desde el Torreón de la Zuda

La imagen actual del torreón no corresponde exactamente a la construcción medieval original. Es el resultado de la reinterpretación realizada por el arquitecto Francisco Íñiguez entre 1946 y 1952 a partir de la fábrica que había llegado hasta el siglo XX.

La intervención configuró el edificio mediante cuatro cuerpos sobre la planta baja, recuperando elementos inspirados en la arquitectura palaciega medieval.

El Torreón de la Zuda se convirtió así en el gran elemento superviviente que permite recordar la existencia del antiguo complejo palaciego que ocupó esta zona durante siglos.

Actualmente alberga una oficina municipal de turismo, pero una visita a su interior permite descubrir mucho más que un punto de información para quienes llegan a Zaragoza.

Vista del Puente de Santiago desde el Torreón de la Zuda
Vista del Puente de Santiago desde el Torreón de la Zuda

Una de las primeras sorpresas aparece nada más entrar. A través de un suelo de cristal pueden contemplarse vestigios relacionados con la torre romana sobre la que se levantaron posteriormente las construcciones de la Zuda.

Es una pequeña muestra de la extraordinaria superposición histórica de esta zona de Zaragoza: una construcción vinculada a la ciudad musulmana que, a su vez, aprovechó estructuras defensivas procedentes de la antigua Caesaraugusta.

Al entrar al torreón de La Zuda podemos ver los vestigios de la torre romana original
Al entrar al torreón de La Zuda podemos ver los vestigios de la torre romana original

Otro de los grandes atractivos se encuentra en la parte superior. Durante el horario de apertura de la oficina de turismo es posible subir los cuatro pisos del torreón y acceder a uno de los miradores menos conocidos del centro de Zaragoza.

Hay que tener en cuenta que no dispone de ascensor, por lo que el recorrido debe realizarse a pie por las escaleras interiores.

El esfuerzo tiene recompensa. Desde la parte superior se obtiene una magnífica panorámica del casco histórico y pueden contemplarse algunos de los principales monumentos de Zaragoza desde una perspectiva poco habitual.

Entre las vistas destacan la Basílica del Pilar, San Juan de los Panetes, las murallas romanas, el río Ebro y el Puente de Santiago, además de buena parte de los tejados del centro histórico.

El Torreón de la Zuda es mucho más que el último recuerdo de un antiguo palacio musulmán. Su emplazamiento permite seguir algunas de las principales etapas de la historia de Zaragoza prácticamente sin moverse del mismo lugar.

Bajo sus pies aparecen restos de la muralla de Caesaraugusta; durante la etapa musulmana formó parte del alcázar de los gobernadores de Saraqusta; después fue residencia de los reyes de Aragón; pasó a manos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén y llegó incluso a convertirse en prisión de Jaime I.

Siglos después sobrevivió parcialmente a la desaparición del antiguo complejo de la Zuda y hoy continúa formando parte del paisaje urbano junto a las murallas romanas y San Juan de los Panetes.

Y aunque ya no es posible recorrer los salones y dependencias del antiguo palacio, el Torreón de la Zuda sigue siendo uno de los mejores lugares para comprender la sucesión de culturas que han dado forma a Zaragoza.

Además, poder entrar, contemplar los restos romanos bajo el suelo y terminar la visita disfrutando de las vistas desde su mirador convierte este rincón situado a pocos pasos de la plaza del Pilar en una visita especialmente interesante para descubrir una Zaragoza que muchas veces pasa desapercibida.

Dirección: Glorieta de Pio XII esquina a Avenida César Augusto
Teléfono: 976 393 537
Horario: De lunes a sábado, de 10 a 14 h y de 16:30 a 20 h. Los domingos solo en horario de mañana.

 

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