El puente de la Almozara discurre entre la plaza de Europa, en el barrio de la Almozara, y la calle Valle de Broto del Actur. Fue inaugurado en 1870 para permitir la interconexión de las líneas de ferrocarril que llegaban a la ciudad. Tras una vida agitada, que incluyó varias remodelaciones por inundaciones, ampliaciones y daños por uso fue reconvertido en un puente peatonal y carretero. Hoy en día es uno de los principales pasos sobre el río de la ciudad, siendo un punto clave del tráfico en las riberas del Ebro.

En su entrada desde la plaza Europa se sitúa la obra Cierzo, del escultor Andreu Alfaro mientras que en el extremo opuesto se ve una locomotora cedida por Industrias López Soriano en recuerdo de la función original del puente.

Puente de La Almozara tras el recrecimiento de los pilares

El Puente de La Almozara en 1880

Construido inicialmente para el paso del ferrocarril por la ciudad aragonesa, se proyectó para conectar los trayectos Madrid-Zaragoza y Zaragoza-Barcelona y así permitir una comunicación directa sin transbordos entre Madrid en Barcelona.

Las múltiples concesiones ferroviarias en España habían dejado ese trayecto dividido entre la Compañía de los Ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante, que tenía el trayecto de Madrid a Zaragoza con cabecera en la céntrica estación de Campo Sepulcro (desde 1863), y la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, que había construido su propia terminal en la Estación del Norte para su concesión Zaragoza-Barcelona en 1861.

Ambos ferrocarriles estaban incomunicados entre sí, de forma que los viajeros que querían hacer la ruta completa debían cruzar la ciudad en diligencias, en unos intercambios que hasta 1885 no estuvieron cubiertos por la red tranviaria.

En 1947, y tras diversos problemas de estabilidad, Renfe encargó un nuevo puente de tres vías ferroviarias al reputado ingeniero de caminos Eduardo Torroja.

Tras completarse la circunvalación ferroviaria con la apertura del puente de Miraflores por el sur dejaron de circular trenes en 1976. El puente permaneció entonces varios años en desuso hasta 1986, cuando fue entonces reformado por Javier Manterola, siendo de nuevo ampliado y abierto al tráfico rodado en 1987 para dar solución a una ciudad en crecimiento que se había expandido por la margen izquierda del Ebro con la construcción del Actur.

En 2009 se transformó la parte central en un boulevard peatonal con carril bici, dejando para la historia las bóvedas que separaban ambos carriles.

Unos 60.000 vehículos circulan al día por este puente.