Esbelto y bello en el paisaje urbano, se erige ante nosotros el obelisco de la plaza de Europa.

La plaza es un cuadrante irregular que conforman las avenidas Almozara y Pablo Gargallo, los paseos María Agustín y Echegaray y Caballero, la calle Diputados y el puente de la Almozara.

Se construyó en 1987, cuando concluidas las obras del puente de la Almozara se decidió urbanizar el área situada en el acceso al puente. La Asociación Pablo Gargallo presentó un boceto para dar “un sentido estético-urbanístico” al nuevo espacio.

El 22 de noviembre de 1989 se determinó aceptar el trabajo por parte de la Comisión de Gobierno del Ayuntamiento de Zaragoza. Desestimadas otras propuestas, entre ellas la de colocar en el centro de la plaza una fuente ornamental, o bien una columna como asiento de una Virgen del Pilar, se optó por la erección del obelisco.

El monumento de la plaza Europa hace alusión a los 12 miembros de la Unión Europea en el momento de su construcción, que giran en torno al obelisco como “Axis Mundi”, con sus cuatro aristas orientadas a los correspondientes puntos cardinales.

El obelisco, de 33 metros de altura en mármol y hormigón, está inspirado en los obeliscos del antiguo Egipto. Los obeliscos eran piezas monolíticas de gran altura y esbeltez, recubiertas por lo general de inscripciones que se emplazaban en lugares estratégicos, normalmente en un ámbito religioso. Desprovista de su uso y función original, ha sido y sigue siendo la forma preferida por los urbanistas para señalizar y magnificar el centro de grandes explanadas al aire libre.

El monumento fue inaugurado el 22 de enero de 1990. La parte peatonal que lo rodea es de mármol blanco de Carrara, mármol de Marquina y piedra negra de Calatorao.

Muy cerca de allí, en la calle Santa Lucía, está la iglesia de las Fecetas y una parte del claustro, los últimos vestigios del convento de las Carmelitas Descalzas de Santa Teresa, fundado en 1623 por el notario Diego Fecet para acoger a las hijas de cargos públicos de Aragón.

La piqueta estuvo a punto de llevarse por delante Las Fecetas y, de hecho, ‘partió’ el claustro por la mitad como si fuera una tarta. La declaración de Monumento Nacional salvó el edificio.

Muy cerca del convento se encontraba la Puerta de Sancho. Marcaba el límite de la ciudad medieval amurallada y el comienzo de la huerta de La Almozara. Era la principal salida de intramuros por el Noroeste de la ciudad.

En 1987 el Ayuntamiento de Zaragoza decidió pintar un mural en recuerdo de la desaparecida Puerta de Sancho una de las caras del convento de las Fecetas, muy cerca de su antigua ubicación.