La Plaza de Aragón es una de las principales plazas de la capital aragonesa, uniendo el Paseo de la Independencia con la Plaza Paraíso. A lo largo de los años, ha sido testigo de profundas transformaciones y alberga historias y curiosidades que a menudo pasan desapercibidas para quienes la atraviesan con prisa.

La Plaza surgió a comienzos del siglo XIX al urbanizar la antigua Glorieta de Pignatelli. Tras los destrozos sufridos durante los Sitios de Zaragoza entre 1808 y 1809, el arquitecto municipal Joaquín Asensio proyectó el Paseo de la Independencia como eje de expansión de la ciudad, mientras que Nicasio López diseñó los primeros ajardinamientos de la zona en 1840. Estos jardines fueron remodelados en 1851 por los arquitectos municipales José de Yarza y Joaquín Gironza, dándole la forma ovalada que caracteriza a la Plaza. En 1859 se colocó un monumento en honor a Ramón Pignatelli, artífice del Canal Imperial de Aragón.

En noviembre de 1901, el Ayuntamiento de Zaragoza aprobó la construcción del Monumento al Justiciazgo, obra del arquitecto Félix Navarro Pérez, el mismo que proyectó el Mercado Central. La figura sedente del Justicia, realizada por Francisco Vidal y Castro, fue trasladada desde el patio de la Diputación Provincial hasta la Plaza el 11 de octubre de 1904 y quedó cubierta hasta su inauguración oficial el 22 de octubre. Curiosamente, este monumento inicialmente estaba proyectado para la plaza de España, pero finalmente se decidió colocarlo en la Plaza de Aragón, entonces denominada Glorieta de Pignatelli.

En el entorno de la plaza se encuentra el edificio de la Antigua Capitanía General, uno de los inmuebles neoclásicos más destacados de Zaragoza. Sus joyas son el espléndido patio central y la monumental escalera presidida por la estatua en bronce del General Palafox de Dionisio Lasuén. Sus salones, adornados con azulejos y mármoles, y la Sala del Trono, transportan al visitante a distintos momentos de la historia española.

A lo largo de la plaza también se encuentran bustos de reconocidos escritores y cronistas aragoneses, como el de Mariano de Cavia, obra de José Bueno inaugurada en 1921, el busto del poeta de Ainzón Marcos Zapata, realizado por Félix Burriel e inaugurado en 1928, el busto de Fernando Soteras, ‘Mefisto’, también obra de José Bueno y descubierto en 1935, y finalmente el busto de Julio Monreal Ximénez de Embún, obra de Félix Burriel colocado en 1944.

Originalmente, la Plaza estaba rodeada por una serie de hotelitos donde vivía la burguesía zaragozana, proyectados por arquitectos como Félix Navarro, Fernando de Yarza y Ricardo Magdalena. Entre 1978 y 1979, la especulación urbanística derribó la mayoría de estas construcciones, reemplazándolas por bloques de diez alturas y eliminando los jardines originales. Solo sobrevivieron el edificio de Capitanía General y el edificio del número 12, actualmente sede del restaurante La Embajada.

Hoy la Plaza de Aragón es un espacio animado, lleno de bares, restaurantes y rincones que invitan a descubrir su historia. Destaca también la Librería General, un lugar de referencia para los zaragozanos donde se pueden encontrar novedades literarias de filosofía, historia, ciencias sociales, arte, arquitectura, cine, fotografía, poesía y artes escénicas.

Eso (y muchísimo más) es la Plaza de Aragón: un lugar donde es fácil perderse, sentir la historia en cada rincón, contemplar sus monumentos y edificios y experimentar la vibrante vida del centro de Zaragoza en cualquier momento del día.


