La Avenida de América es la vía de entrada a Torrero, que abraza al paseante en el momento en que cruza el puente de América en dirección a la margen izquierda.

Se extiende a lo largo de 1.000 metros y más de 200 números, conectando el Canal Imperial con el Cementerio de Torrero.

Casi todas las edificaciones poseen más de dos plantas y predominan las viviendas. Por lo general, carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura popular aragonesa, la ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona. A ratos, algún pequeño árbol acompaña nuestro trayecto.

Algunos que la recorren a diario, e incluso muchos que viven en sus densas márgenes, desconocen cuánto tiene para contarnos sobre la ciudad y sus pobladores.

No fue considerada como avenida hasta que a principios del siglo XX comienzan a surgir núcleos de población alrededor del Puente de América, el único paso estable que existía en el Canal Imperial. La única posibilidad fija de cruzarlo era por aquí.

Los primeros vecinos de la Avenida América fueron los trabajadores de las canteras de yeso. Además, entre canteras y fábricas de yeso, discurría un pequeño ferrocarril de vía estrecha.

Alrededor de la Avenida América comenzaron a surgir almacenes y distintos servicios para atender las mercancías: agencias de transportes, traperías, talleres, cantinas, posadas…

Otro transporte que se veía eran las grandes barcazas que navegaban cargadas de productos agrícolas por el Canal Imperial, y que los fines de semana dejaban paso a hermosas góndolas que hicieron que el sector comenzara a conocerse como la pequeña Venecia.

Góndola del Canal Imperial , 1900. Oscar Hauser y Adolfo Menet (Imagen: Archivo Histórico del Ayuntamiento de Zaragoza)

Góndola del Canal Imperial , 1900. Oscar Hauser y Adolfo Menet (Imagen: Archivo Histórico del Ayuntamiento de Zaragoza)

Cronistas nacionales y extranjeros de todas las épocas han descrito a la Avenida América desde su surgimiento como ‘una de las calles más animadas de Zaragoza‘.

En la Avenida América aun hoy se mantiene esa tradición comercial y funciona atestada de establecimientos minoristas que se recorren con la tranquilidad y naturalidad de un paseo.

La práctica totalidad de los locales de la Avenida América tienen vida tras un goteo de aperturas a lo largo de los últimos años: tiendas de telefonía y de fotografía, un local de restauración, otro de moda, una moderna barbería y un estudio de tatuajes han sido los últimos en subir la persiana.

Junto a todos ellos, el mercado de Torrero, con todos sus puestos ocupados, y varios negocios que forman parte del paisanaje arrabalero desde hace décadas y que sobrevivieron a la crisis.

A lo largo de su trazado, la avenida de América también acoge importantes construcciones que resaltan por su arquitectura, como la iglesia de San Francisco de Asís, proyectada por Enrique Delso en 1968.

En las inmediaciones, varias paradas de autobús en todas direcciones reúnen a decenas de personas impacientes.

En el número 7 de la Avenida América se encuentra Bodegas Lozano. Último bastión de una larga tradición de bodegas del barrio de Torrero, Chema Lozano se encarga de seguir sirviendo bebida a quien entra en su establecimiento, como ha hecho su familia desde 1942.

“En este barrio, mi abuela Agustina Martinez empezó su aventura como vinatera y aquí seguimos 75 años después”, explica Chema, nieto de Agustina y actual propietario.

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Bodegas Lozano

Esta histórica empresa familiar se ha convertido, a lo largo de los años, en todo un referente dentro del sector vinícola de Aragón donde siempre han apostado por el producto próximo y de calidad, siendo una de las distribuidoras de vinos y licores más prometedoras de la comunidad y una de las vinotecas más antiguas de Zaragoza.

Antonio Flamenco y Conchita Antonio Lozano fundaron El Rincón en 1984 con un objetivo importante, pasar más tiempo juntos. Sus horarios de trabajo eran incompatibles y decidieron hacer algo para solucionarlo.

La primera idea que tuvieron fue montar una pequeña floristería en el número 65 de la Avenida América que se llamó -por razones de espacio- El Rincón de las Flores. El éxito fue abrumador y en seguida tuvieron que trasladarse a un espacio mayor dejando el pequeño rincón vacío.

El Rincón de las Flores (el local donde comenzó Frutos Secos El Rincón)

El Rincón de las Flores (el local donde comenzó Frutos Secos El Rincón)

Aquellos 20 m2  tenían que ser utilizados y el matrimonio decidió montar el primer Frutos Secos El Rincón. La originalidad de aquel primer local fue aglutinar productos que hasta ese momento se ofertaban a través de puntos de venta distintos. Una  cuidada atención al cliente y una filosofía de venta en autoservicio, hizo que los clientes depositaran su confianza en esta marca desde sus comienzos.

Hoy en día El Rincón cuenta con 64 tiendas, 6 en Madrid y 58 en Zaragoza, con un equipo humano de más de 500 personas, comercializa 2.500 toneladas de producto a través de más de 15 millones de actos de venta anuales y en palabras de Antonio Flamenco, él y su mujer Concepción han conseguido lo que querían, pasar más tiempo juntos.

La calle se llena de vida (y ruido) por las tardes, cuando los niños de la escuela de primaria situada justo al lado de la iglesia terminan sus clases y se reúnen para jugar a fútbol.

La Avenida América se mantiene como un cobijo para los vecinos y visitantes que buscan tomarse una cerveza o picar algo tranquilamente.

Eso (y muchísimo más) es la Avenida América: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.