Alfonso I el Batallador conquistó la Zaragoza musulmana en el año 1118 y al poco tiempo la devoción popular construyó más allá de las murallas de la ciudad una modesta ermita románica dedicada a San Blas.
La pasión por aquel eremitorio creció durante todo el siglo XII, pese a que no era fácil llegar. Desde la zona que hoy es la Avenida César Augusto se tomaban caminos de tierra que coinciden más o menos con las actuales calles de San Pablo, San Blas o Las Armas. En ellos crecía la vegetación propia de la ribera del Ebro y para caminar con seguridad era más que recomendable llevar una pequeña hoz que permitiera cortar los cañizos y malas hierbas que crecían sin control.
La devoción hacia la ermita creció tanto que, con el tiempo, surgió la tradición de que los primeros vecinos usaban un gancho o pequeña hoz para despejar el camino, símbolo que aún se conserva en procesiones y dentro del templo.
Poco a poco, algunos zaragozanos se asentaron en la zona y erigiendo allí sus viviendas extramuros. Durante la Edad Media el barrio de San Pablo llegó a tener casi tantos habitantes como el antiguo centro amurallado.
Con el paso del tiempo, la ermita alcanzó rango de parroquia y cambió su advocación a San Pablo, marcando el inicio de su larga historia como centro religioso y social del barrio.
Por esta razón, en 1284 se vio necesario derruir la antigua ermita y construir la iglesia de San Pablo, un nuevo templo de mayor tamaño.
Con casi 100 metros de longitud y 20 metros de altura máxima en su interior, San Pablo es un templo de dimensiones notables que destaca incluso frente a las grandes iglesias zaragozanas.

Es un templo notable, fragmentado, construido en sucesivas etapas, cuya traza inicial del siglo XIV seguía la estructura típica de nave única, dividida en cuatro tramos, con capillas abiertas entre los contrafuertes y cabecera poligonal de cinco lados.
De su primera época es también su magnífica torre octogonal de ladrillo situada a los pies que deriva de la estructura del alminar almohade y que se puede considerar como uno de los hitos más señalados de la arquitectura Mudéjar zaragozana.
La torre octogonal, que supera los 65 metros, no solo es un icono del mudéjar zaragozano sino también un excelente mirador sobre el casco histórico de la ciudad.
La segunda etapa constructiva se extiendió hasta los primeros años del siglo XV. Se añadieron dos naves laterales de anchura desigual que rodean la totalidad de la planta Mudéjar de la iglesia, originando en la zona de la cabecera un deambulatorio o girola que circunda el ábside prolongándose hacia la parte occidental o tramo de los pies donde forman una especie de atrio, quedando encerrada la torre dentro de la edificación. Además en los siglos XVI, XVII y XVIII se abrieron en estas naves una serie de capillas.
En el costado Sur se encuentra la Puerta de San Pablo o principal, a la que se llega por la calle San Pablo.


Conocida en otros tiempos por entrada de Nuestra Señora del Pópulo es sin duda alguna la más monumental de las que permiten el acceso al templo. Su portada es en arco de medio punto y sobre ella se dispone una hornacina con una talla de Nuestra Señora del Pópulo.
Sin embargo, la fachada de mayor interés es la del lado Norte (calle San Blas) construida en el siglo XV en estilo gótico.
Cada una de sus puertas monumentales refleja distintos estilos y épocas, desde la modesta entrada de San Blas hasta la imponente Puerta de San Pablo, lo que convierte al templo en un verdadero recorrido arquitectónico por la historia.

Es la llamada Puerta de la Tramontana o del Santo Cristo en la que aparecen en el tímpano, bajo doseletes, las figuras de Cristo sedente entre la Virgen, San Blas, San Juan y otro santo no identificado y flanqueando la puerta, las esculturas de San Pedro y San Pablo.

En 1587 se abrió una nueva portada a los pies, al trazarse la actual plazuela de San Pablo. Esta nueva puerta recibió el nombre de Puerta del Fosal y, posteriormente, de Puerta de los Ajusticiados.

Una de las joyas que la iglesia de San Pablo guarda en su interior es el retablo mayor cuyo titular es San Pablo, de madera tallada, dorada y policromada, obra del escultor renacentista Damián Forment, que se puede poner en relación con otros retablos del mismo autor como el retablo mayor del Pilar o el de la catedral de Huesca.
Junto al retablo mayor, el altar conserva también exquisitas piezas de platería de principios del siglo XVIII, obra de maestros orfebres que decoraron con delicadeza símbolos y figuras religiosas.

Cuenta con un espacio de cristal, el óculo, un sagrario típico en las iglesias aragonesas a partir del siglo XV. Las puertas del retablo, que al cerrarse ocultan por completo el retablo, fueron pintadas por Antonio Galcerán y Jeronimo de Mora en el año 1596.
Tras una minuciosa restauración en el año 2014, las puertas volvieron a ponerse en funcionamiento en lo que constituyen el único ejemplo en Zaragoza de un retablo articulado pues, aunque los mayores de la Seo y el Pilar también tuvieron paneles, estos no se han conservado.
Al otro lado de la nave está el coro. Allí se guarda una sencilla sillería en madera tallada en el siglo XVI protegida por una verja de bronce. Esta verja en su momento fue recubierta de oro por José Goya, el padre de Francisco de Goya, un artesano que trabajó por múltiples iglesias de la provincia de Zaragoza.

En 2001 la iglesia de San Pablo fue incluida dentro de la declaración de Patrimonio de la Humanidad que la Unesco decretó para los hitos más relevantes del Mudéjar aragonés.
Dirección: Calle San Pablo 42, Zaragoza

