Cuenta la tradición que Alfonso I el Batallador tras reconquistar Zaragoza en diciembre de 1118 continuó extendiendo sus victorias Ebro abajo. Los musulmanes de los cercanos castillos en marzo del año 1119, mientras los guardianes dormían, abrieron una brecha en la muralla protegía la ciudad.

De repente apareció la Virgen acompañada de un ejército de combatientes celestiales, provocando la huida de los invasores. En el muro aportillado se encontró una imagen de la Virgen en piedra blanca. El rey, conocedor de este suceso, ordenó la construcción de una capilla en el Portillo abierto en la muralla para colocar en él la imagen de la virgen con el nombre de Nuestra Señora del Portillo en un acto de agradecimiento y veneración del pueblo de Zaragoza.

En 1493 el Rey Fernando el Católico concede a la Cofradía del Portillo licencia para recaudar fondos y así poder construir un templo nuevo. Las obras se extienden entre 1506 y 1521. Este edificio, contuvo tres retablos de los famosos escultores renacentistas Gil Morlanes, Damián Forment y Gabriel Joli y Juan de Moreto. El templo se declaró ruinoso en 1698.

El 23 julio de 1702 el arzobispo de Zaragoza D. Antonio Ibáñez de Riva Herrera coloca la primera piedra del actual edificio. El  proyecto de obras fue realizado por los maestros de obras de Francisco Pontón y Marcos de Tarazona.

En 1808, durante la Guerra de la Independencia, con motivo de la “Sitiada” de Zaragoza, los retablos fueron destruídos y el templo saqueado; además la iglesia fue brutalmente agredida, rompiendo el ejército francés las paredes del ábside y la fachada para usar la nave central del templo como calle de paso. Las obras de reconstrucción se iniciaron en 1827 y se prolongaron hasta 1880.

En 1908, con motivo del centenario de los Sitios, se inaugura en su interior la Capilla de las Heroínas, en honor a las mujeres que lucharon con valentía en los citados Sitios, como Agustina de Aragón, Casta Álvarez o Manuela Sancho.

La iglesia del Portillo es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. De su arquitectura, destaca la desproporción de sus dos torres, su sobria volumetría y la exuberante ornamentación de la portada principal.

El interior del más puro barroco aragonés, posee una hermosa decoración en estuco, que junto a la estructura interior se inspira en el proyecto barroco para la Basílica del Pilar.

Dentro podrás disfrutar de su frescura y tranquilidad, muy alejada de la ruidosa calle. Entre las piezas muebles más importantes que contiene destacan una talla en busto del Ecce-Homo de principios del siglo XVII de la escuela navarro-aragonesa, la pequeña imagen gótica de alabastro policromado de la Virgen del Portillo del retablo mayor, los retablos de Calvario y Santa Águeda (con las veneradas reliquias de la Santa) y la Capilla de las Heroínas.

Desde su creación, la iglesia se caracterizó por su obra catequista y por el servicio a la comunidad.

Dirección: Plaza del Portillo, Zaragoza