Lo mejor de recorrer Zaragoza es organizarnos un itinerario a placer, caprichoso, mover como un rompecabezas los lugares que nos recomendaron o ya conocemos.

Sería muy raro y quizás torpe que hiciéramos un recorrido por la parte antigua de Zaragoza y excluyéramos a la Plaza del Portillo, destino obligado y conveniente para el visitante que busca experimentar el ambiente humano y visual y extasiarse en el entorno del Casco Histórico.

Esta plaza sorprende por su forma irregular, muy diferente de la delimitación, generalmente cuadrada o rectangular, de las plazas tradicionales. Tampoco es habitual encontrar en Zaragoza la esencia de su ambiente popular, su resistencia de barrio sin imposturas.

Escenario de todo tipo de celebraciones (combates, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), ha cambiado de nombre en varias ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de la ciudad.

La plaza destaca por la gran belleza de sus edificios y por ser un lugar tranquilo y apacible en el que relajarse paseando.

Aunque básicamente la Plaza del Portillo y sus alrededores enarbolan el estilo neoclásico, es uno de los entornos más eclécticos de la ciudad. Allí también conviven el «art nouveau» y el modernismo. Se entrelazan las construcciones de piedra, los balcones volados, techos de alfarje, ventanas de madera torneada, pinturas murales, vitrales, fachadas y amplios portales arcados, que en buena lid serían el pretexto ideal para estudiar desde allí la historia de la arquitectura en Zaragoza.

Así encontramos espacios tan diversos, atractivos o demandados actualmente como el monumento a Agustina de Aragón, la iglesia del Portillo, el antiguo edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza, la Plaza de Toros de La Misericordia, entre otros.

Vista del antiguo edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad desde la Plaza del Portillo

Vista del antiguo edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad desde la Plaza del Portillo

Aunque arrancase de más antiguo, la idea de un monumento dedicado a la heroína Agustina de Aragón, fue presentada en el año 1901 por el concejal Rafael Pamplona Escudero. Lo que en principio se planteaba como un busto, ofrecido a la ciudad por Mariano Benlliure, se amplia después a un monumento de más envergadura. Así lo acuerda la Comisión Ejecutiva del Centenario en 1907 que aprueba también el encargo a Benlliure. Éste lo acepta. Y pronto se establece la ubicación en el centro de la plaza del Portillo.

Monumento a Agustina de Aragón en la Plaza del Portillo

Monumento a Agustina de Aragón en la Plaza del Portillo

El monumento fue inaugurado, con asistencia de los Reyes de España, el 29 de octubre de 1908, al día siguiente de la inauguración del Monumento a los Sitios.

La iglesia del Portillo es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso.

Cuenta la tradición que Alfonso I el Batallador tras reconquistar Zaragoza en diciembre de 1118 continuó extendiendo sus victorias Ebro abajo. Los musulmanes de los cercanos castillos en marzo del año 1119, mientras los guardianes dormían, abrieron una brecha en la muralla protegía la ciudad.

Conda Aranda visto desde la Plaza del Portillo

Conda Aranda visto desde la Plaza del Portillo

De repente apareció la Virgen acompañada de un ejército de combatientes celestiales, provocando la huida de los invasores. En el muro aportillado se encontró una imagen de la Virgen en piedra blanca. El rey, conocedor de este suceso, ordenó la construcción de una capilla en el Portillo abierto en la muralla para colocar en él la imagen de la virgen con el nombre de Nuestra Señora del Portillo en un acto de agradecimiento y veneración del pueblo de Zaragoza.

En 1808, durante la Guerra de la Independencia, los retablos fueron destruídos y el templo saqueado; además la iglesia fue brutalmente agredida, rompiendo el ejército francés las paredes del ábside y la fachada para usar la nave central del templo como calle de paso. Las obras de reconstrucción se iniciaron en 1827 y se prolongaron hasta 1880.

Iglesia del Portillo en Zaragoza

Iglesia del Portillo en Zaragoza

En 1908, con motivo del centenario de los Sitios, se inaugura en su interior la Capilla de las Heroínas, en honor a las mujeres que lucharon con valentía en los citados Sitios, como Agustina de Aragón, Casta Álvarez o Manuela Sancho.

Por su interés arquitectónico, destaca la casa que en 1938 presentó la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Zaragoza. El arquitecto Teodoro Ríos firmó este proyecto para un edificio destinado a oficinas y viviendas en la esquina de la plaza con la calle Conde de Aranda.

El inmueble, exponente de la arquitectura clasicista, destaca por su torreón coronado por una cúpula, inspirada en la de San Pedro del Vaticano y San Pedro Borromeo de Viena. Ochenta años después, el edificio alberga una oficina de Ibercaja.

Muy cerca de allí, en la Glorieta de Aznárez, está la Plaza de Toros de Zaragoza, también conocida como La Misericordia o el Coso Ramón Pignatelli.

Construida por orden de Ramón Pignatelli con el fin de subvencionar el Hospital y la Casa de La Misericordia (actualmente sede de la Diputación General de Aragón), de la cual Pignatelli era regidor, fue inaugurada el 8 de octubre de 1764,​ víspera del Pilar.

La construcción original, realizada en solo 70 días, era de mampostería, ladrillo y madera, con motivos de piedra en los antepechos y en la portada principal, y en general de estilo arquitectónico neomudéjar. La construcción original experimentó diversas reformas y ampliaciones a lo largo del tiempo. La más importante se acometió en 1916, en plena «edad de oro del toreo», a cargo de los arquitectos Miguel Ángel Navarro Pérez y Manuel Martínez de Ubago Lizarraga ampliándose la capacidad de los tendidos, ampliando el anillo exterior con un porche en el piso bajo y construyéndose la enfermería y las oficinas.

Plaza de Toros de La Misericordia de Zaragoza

En 2002 se sustituyeron todos los tendidos y se instalaron asientos más anchos y cómodos, reduciéndose el aforo de 14.300 a 10.300 localidades.

En la actualidad, la Plaza del Portillo es uno de los lugares más emblemáticos y animados de Zaragoza y cuenta con numerosos bares, restaurantes y cafeterías.

La atmósfera de la Plaza del Portillo entra en ebullición al llegar el atardecer, cuando las luces de las farolas comienzan a despuntar entre los claroscuros de la ciudad.