No debería ser ningún secreto que el Casco Histórico de Zaragoza se estructura en torno a sus plazas, cada una con su abanico de atractivos.

Escenario de todo tipo de celebraciones (combates, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de la ciudad.

Si bordeas la Catedral de La Seo mientras te maravillas por la mezcla de estilos en los ábsides y el muro de la Parroquieta, llegarás a la pequeña Plaza de San Bruno, remodelada en 1990 por los arquitectos Heliodoro Dols Morell y Fernando Torra Puigdellivol.

Esta remodelación pasaba por la peatonalización de la misma en su totalidad, abriendo una calle nueva que enlazara las calles Arcedianos, Sepulcro y Echegaray y Caballero, y desviando así el tráfico rodado.

La calle del Sepulcro se tuerce para dirigir su embocadura hacia el muro mudéjar de La Seo y perpendicular a ella se abre un paso peatonal que comunica Echegaray y Caballero con el Arco del Deán. Dos grupos de árboles -palmeras- y bancos -en piedra de Calatorao- situados junto al Palacio Arzobispal y también junto a la escultura Torso Vectra, de Miguel Ortíz Berrocal, ayudan también a enmarcar la plaza.

Vista exterior del Palacio Arzobispal de Zaragoza

Fachada del Palacio Arzobispal

Historia y modernidad se dan la mano en el número 6 de la Plaza de San Bruno, donde se sitúa el Museo del Puerto Fluvial Romano, que exhibe los restos arqueológicos hallados en las excavaciones realizadas entre 1989 y 1991, las cuales sacaron a la luz un conjunto monumental que comunicaba la orilla del Ebro con el foro de la ciudad.

Museo del Puerto Fluvial Romano de Zaragoza

Museo del Puerto Fluvial Romano

En una de las esquinas de la plaza, el Café Odeón ofrece una carta de cócteles con gran respeto por los clásicos, y propuestas muy vanguardistas, siempre con cuidadas presentaciones y a precios muy razonables.

terraza de verano del cafe odeon

Terraza del Café Odeón en Plaza San Bruno

San Bruno es probablemente el rincón más bello de Zaragoza, y no solo para turistas: los niños de una escuela juegan al aire libre o se sientan a leer bajo los inmensos portales ajenos al trasiego de los visitantes.

De unos años a esta parte, ha pasado de ser la eterna olvidada a convertirse en uno de los lugares más cool y creativos de la capital, gracias a su variedad de bares y tiendas y a los ocasionales eventos.

La Plaza de San Bruno se mantiene como un cobijo para los vecinos y visitantes que buscan tomarse una cerveza o picar algo tranquilamente.

A pesar de este maná de sillas y mesas, por la noche no es fácil encontrar sitio para sentarse, pero cuando se consigue, no hay quien te desenganche el culo de tu trocito de paraíso urbano.

Cada domingo por la mañana acoge el mercadillo más castizo y antiguo de Zaragoza.

Es una cita obligada para turistas y zaragozanos curiosos que rebuscan entre decenas de puestos de ropa de primera y segunda mano, bisutería, vinilos, camisetas de grupos de música y prácticamente cualquier objeto que se pueda vender.

El regateo es habitual, así como los gritos de los vendedores con sus mejores ofertas. Lo mejor es reponer fuerzas después en los bares de la Plaza Santa Marta o de la Calle Jordán de Urriés.

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