Escenario de todo tipo de celebraciones (combates, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), la Plaza Santa Marta ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de la ciudad.

Si eres un amante de las tapas y raciones, la Plaza Santa Marta es visita obligada: está rodeada de locales genuinos del tapeo en Zaragoza.

Así encontramos espacios tan diversos, atractivos o demandados actualmente como el Palacio Armijo y Casas de Juan de Aragón, la Real Maestranza de Caballería, el Palacio de Huarte, la Sala de Exposiciones Juana Francés en la Casa de la Mujer, los restaurantes Tragantúa, Marpy, Casa Dominó, El Lince, La Viña y Los Victorinos, entre otros, y casas particulares que rentan habitaciones.

Aunque básicamente la Plaza Santa Marta y sus alrededores enarbolan el estilo Renacentista, es uno de los entornos más eclécticos de la ciudad. Allí también conviven el Art Nouveau y el Modernismo. Se entrelazan las construcciones de piedra, los balcones volados, techos de alfarje, ventanas de madera torneada, pinturas murales, vitrales, fachadas y amplios portales arcados, que en buena lid serían el pretexto ideal para estudiar desde allí la historia de la arquitectura en Zaragoza.

A finales del siglo XIX y principios del XX la plaza vio la adición de edificios de viviendas y comerciales más altos, que desafortunadamente no mantuvieron la coherencia arquitectónica original.

El Palacio de Huarte o de Frías fue construido entre 1551 y 1575 por Mariano Frías, el primer de Huarte. Hoy el edificio contiene el Archivo Histórico Provincial De Zaragoza, un centro cultural depositario del patrimonio documental en el ámbito de la provincia, que realiza funciones de custodia y acceso documental propias de un archivo público, prestando sus servicios a la Administración y a todos los ciudadanos. Fundado hace más de medio siglo, el Archivo conserva más de 14 kilómetros lineales de cajas con documentación, instaladas en distintas dependencias.

A pocos pasos de la Plaza Santa Marta se encuentra la Real Maestranza de Caballería, uno de los edificios Renacentistas más singulares y mejor conservados de la capital aragonesa.

Vista de la Real Maestranza de Caballería y La Seo desde la Plaza Santa Marta

Vista de la Real Maestranza de Caballería y La Seo desde la Plaza Santa Marta

Muy cerca allí, en la calle Jordán de Urriés, está la Taberna El Papagayo, un espacio con identidad propia: la construcción, su ubicación y su historia son el reflejo de todo aquello que expresan la ciudad y su entorno.

El estilo de cocina es contemporáneo, basado en la tradición culinaria de Aragón y cercano a todo el público. El producto de proximidad fresco y de calidad es la base de su cocina, que es una mezcla de creatividad y tradición, lo cual les permite presentar una oferta gastronómica variada y dinámica.

Kebab de ternasco en la Taberna el Papagayo

Kebab de ternasco en la Taberna el Papagayo

Igualmente se halla La Viña, una de las pocas tascas históricas que han mantenido todo su encanto y que desde sus angostas callejuelas en “El Tubo”, son la última barrera de resistencia al avance de establecimientos impersonales y sin alma en Zaragoza.

Su chef Adil El Fatmi ha fusionado los sabores del norte de Marruecos y del sur de España para traernos deliciosas berenjenas en tempura y salsa dulce, patatas en salsa aragonesapinchos morunos y algunas de las mejores croquetas de la ciudad.

Patatas en salsa aragonesa en La Viña

Patatas en salsa aragonesa en La Viña

La Plaza Santa Marta se mantiene como un cobijo para los vecinos y visitantes que buscan tomarse una cerveza o picar algo tranquilamente.

Es probablemente el rincón más bello de Zaragoza, y no solo para turistas: los niños de una escuela juegan al aire libre o se sientan a leer bajo los inmensos portales ajenos al trasiego de los visitantes.

Uno de esos lugares para reenamorarse de Zaragoza y del mundo en general.