En la puerta de Villa Luna hay dos pentagramas de Beethoven y Wagner, que se dibujan sobre los rostros en relieve de estos compositores. Una ‘A’ y ‘P’ rematan la puerta, ahora víctima de grafitis. Al otro lado se descubre Villa Luna, una casa proyectada por el arquitecto zaragozano Francisco Albiñana en 1924 que acusa el paso del tiempo y que antes se llamó Villa Luisa.

La ‘A’ y la ‘P’ coinciden con las iniciales del promotor: Andrés Peralta. El por qué de las partituras se podría vincular supuestamente a su profesión, músico. En la casa se establecieron en 1926 Andrés Peralta y su esposa Luisa Orús, de la que tomó el nombre de Villa Luisa. 

Años después el palacete fue adquirido por Dimitri Berberoff, director de orquesta ruso que en 1948 vino a dirigir la Sinfónica de Zaragoza. El nuevo propietario cambió el nombre del inmueble al de Villa Luna, en honor a uno de sus compositores favoritos, el aragonés (de Alhama de Aragón) Pablo Luna.

Villa Luna (o Villa Luisa) está considerada una “obra menor” de Albiñana. El arquitecto contruyó una casa de planta baja, con grandes muros de carga, vanos cortados en la pared, un porche vestido con azulejos y un mirador con preciosas vidrieras.

Pentagramas de Beethoven y Wagner y rostros en relieve de estos compositores en la puerta de Villa Luna

Pentagramas de Beethoven y Wagner y rostros en relieve de estos compositores en la puerta de Villa Luna

Nada tiene que ver la realidad actual del edificio con lo que se diseñó en los planos originales. Ahora el interior es un espacio casi diáfano, con baldosas más cercanas en el tiempo y sin rastro de la distribución de Albiñana.

Albiñana es uno de los grandes arquitectos del primer cuarto del siglo XX, una figura a recordar y a reivindicar. Su carrera va de 1911 a 1936, del modernismo al racionalismo. Esta última es una corriente muy renovadora de la arquitectura que prescinde de ornamentos, acude a volúmenes y líneas puras. Sin embargo, el modernismo estaba lleno de detalles vegetales y todo tipo de ornamentación en superficie. Hay un salto. Y Francisco Albiñana es un puente entre sus propios trabajos, entre la fachada del Casino Mercantil y otros más sencillos como el de la esquina de la Calle de Espoz y Mina con Don Jaime, en el Paseo de Constitución, Almagro, Mefisto, Plaza de los Sitios o varios inmuebles de Conde Aranda.

DirecciónPaseo Cuéllar 4, entre el centro educativo Casa del Canal y la entrada a los antiguos depósitos (se accede a través del andador peatonal del Parque Pignatelli)