Enlace natural entre el Centro de Zaragoza y el Canal Imperial, el paseo de Cuéllar es una cuesta en forma de curva que en sus 650 metros de longitud no solo ‘abraza’ al parque Pignatelli, sino que esconde historias, anécdotas y patrimonio de gran valor.

El origen del paseo se remonta a los siglos XVIII y XIX, como camino hacia el puerto de Torrero y el Canal. Allí había industrias, serrerías… era la continuación del actual paseo de Sagasta.

En aquella época, en el terreno que hoy ocupa el parque Pignatelli se ubicaban varias torres agrícolas, características de la capital aragonesa. La construcción de este pulmón verde, en el cambio de siglo, obligó a expropiar muchas de estas fincas, así como graveras e industrias.

Diseñado por el arquitecto municipal Ricardo Magdalena, el parque se ejecutó por fases y tardó décadas en adquirir su forma definitiva. En 1904, los jardines acogerían en su terreno el esperado monumento a Ramón Pignatelli, cuyo traslado se realizó antes de verano desde la plaza de Aragón –su original emplazamiento– hasta este punto, siendo inaugurado con toda solemnidad el 17 de octubre del mismo año.

monumento a ramon pignatelli en zaragoza

Monumento a Ramón Pignatelli

El tranvía tuvo mucho que ver en la evolución de este espacio verde. A finales de 1929 se acuerda variar la línea tranviaria de Torrero, eliminando el carril que recorría el interior del parque Pignatelli desde 1885, para desplazarla a la prolongación natural del paseo de Sagasta, es decir, por la avenida del Siglo XX (denominación durante años del actual paseo de Cuéllar) hasta la playa de Torrero.

Pero el parque no es el único atractivo de Cuéllar. Cuenta con dos edificios residenciales catalogados (en los números 20 y 22), así como una de las iglesias más reconocibles de la ciudad, la de San Antonio de Padua. Construida en 1940 por el arquitecto navarro Víctor Eusa forma un conjunto arquitectónico con el Sagrario Militare Italiano, un mausoleo para las víctimas de aquel país durante la Guerra Civil española, en manos de los padres Capuchinos, que destaca por su aspecto de fortaleza.

Iglesia de San Antonio de Padua

Iglesia de San Antonio de Padua

Enfrente se encuentra el acuartelamiento de San Fernando. En esa acera –la de los impares– un poco más abajo, cuelga una curiosa placa en el portal número 43 donde se recuerda que allí se ubicaba el restaurante El Jardincillo, al que el rey emérito Juan Carlos I solía acudir en sus años en Zaragoza

El acuartelamiento de San Fernando

El acuartelamiento de San Fernando

A veces uno no se dirige precisamente al paseo Cuéllar, a veces uno va para otro lado, a otra plaza, a otra gestión, a veces por ahí se hace más lejos pero igual uno toma el paseo Cuéllar, como si fuera un recorrido obligatorio o una suerte de apremio por llenarse de la vida que recorre ese paseo de un extremo a otro.

Es un lugar muy agradable y alegre en el que sentarse a media tarde a contemplar tranquilamente el bullicio de una de las mayores arterias comerciales y turísticas de la capital.