La Casa Solans es una villa modernista construida por el industrial harinero Juan Solans entre los años 1918 y 1921 en el número 60 de la Avenida de Cataluña.
Enfrente, al otro lado de la avenida, se encontraba su fábrica de harinas La Nueva Harinera, situada en el antiguo Camino del Gállego, posteriormente calle Bielsa. De esta manera, la residencia familiar se levantaba a escasos metros del lugar donde el empresario desarrollaba su actividad industrial, en una zona que a comienzos del siglo XX concentraba una intensa actividad fabril en la margen izquierda del Ebro.
El proyecto fue realizado por el arquitecto zaragozano Miguel Ángel Navarro, autor entre otros edificios de los Almacenes El Águila en la calle Alfonso I, del Hospital de la Cruz Roja en la Plaza de los Sitios, del Mercado de Pescados (actual Teatro del Mercado) en la plaza de Santo Domingo, y del grupo escolar Joaquín Costa en el paseo María Agustín.
El encargo respondía al deseo de Juan Solans de levantar una residencia que reflejara el prestigio social alcanzado gracias a su actividad empresarial, una vivienda que destacara por su modernidad y riqueza decorativa en un momento en el que la burguesía industrial comenzaba a transformar el paisaje urbano de Zaragoza.
La casa se encontraba en origen rodeada por una valla y un jardín, aunque en la actualidad se encuentra rodeada por vías de comunicación.

Tanto por su diseño como por su decoración es un buen ejemplo de arquitectura ecléctica privada, que presenta una ornamentación modernista e historicista, en la que destacan por su vistosidad los paneles de azulejos polícromos de la fachada occidental, con las figuras de los signos del zodiaco. Esta riqueza decorativa hizo que se le conociera popularmente en el barrio como la casa de los azulejos.
La casa está configurada por la unión de dos volúmenes, uno de tres alturas y otro de dos terminando ambos en una terraza. Sus cuatro fachadas presentan distintos tratamientos, destacando los miradores y balconadas que daban a la zona del jardín, que confieren una gran plasticidad al conjunto.
Las columnas policromadas del mirador están inspiradas en las del Palau de la Música de Barcelona, lo que refuerza la influencia modernista en determinados elementos del edificio.

En su interesante decoración se combinan motivos realizados en diversos materiales como piedra, ladrillo, azulejo, madera o hierro, cuya variada textura y policromía acentúa el eclecticismo de esta obra. Entre los motivos decorativos destacan una serie de signos zodiacales (Aries, Cáncer, Libra y Capricornio) que señalan el comienzo de las cuatro estaciones, además de varios escudos heráldicos de la familia.
Los azulejos y mosaicos que decoran el exterior y el interior del edificio fueron traídos de fábricas situadas en Castellón y Valencia, encargándose la realización de las vidrieras a La Veneciana S.A. de Zaragoza.
El interior del edificio destacaba también por su riqueza decorativa. El vestíbulo, la escalera principal y los salones de recepción se concebían como espacios representativos donde la familia recibía a sus invitados, con suelos cerámicos, mosaicos y techos decorados con molduras y policromías que reflejaban el gusto de la burguesía de principios del siglo XX.

Más allá de las consideraciones formales o estilísticas propias, la Casa Solans no podría entenderse plenamente sin ponerla en relación con otro edificio emblemático de la arquitectura contemporánea zaragozana: el Palacio de Larrinaga. Éste es obra de Félix Navarro y la Casa Solans de su hijo Miguel Ángel Navarro. Ambas son residencias suburbanas de la burguesía acomodada situadas en las afueras de la ciudad de su época, concebidas sin grandes limitaciones presupuestarias dada la solvencia de sus promotores.
El Palacio de Larrinaga y la Casa Solans comparten el diseño ecléctico, la riqueza material, la abundancia ornamental y la originalidad de sus motivos decorativos. El ladrillo es en ambos casos el material predominante, aunque combinado con piedra, cerámica decorativa y elementos de forja.
En 1921 la Casa Solans sufrió un incendio cuando las obras estaban prácticamente terminadas, lo que obligó a realizar nuevas intervenciones antes de poder habitarla. Juan Solans falleció en 1926 sin llegar a disfrutar plenamente de la residencia, siendo su mujer Rafaela Aísa Farasdués quien finalmente se instaló en la casa.
Posteriormente, tras los desperfectos sufridos durante la Guerra Civil, se proyectó una nueva reforma del inmueble en febrero de 1943, que finalmente nunca llegó a ejecutarse.

La finca fue vendida a Inmobiliaria Loarre en 1972. La conservación del edificio sufrió entonces un largo proceso de degradación, ya que permaneció deshabitado durante más de veinte años y sufrió numerosos actos de vandalismo. El inmueble estuvo a punto de desaparecer bajo la piqueta al ser declarado en ruinas en 1995.
Tras evitar su derribo, se iniciaron labores de rehabilitación que permitieron recuperar muchos de sus elementos decorativos originales, desde azulejos hasta pinturas murales y artesonados.
Entre 2005 y 2015 el edificio acogió la Oficina de Naciones Unidas de apoyo al Decenio del Agua. En la actualidad alberga Ebrópolis y la Oficina de Cooperación al Desarrollo, utilizándose también de forma puntual para conciertos, visitas guiadas y otras iniciativas culturales.
Dirección: Avenida de Cataluña, 60

